El despertar de la diosa

Noviembre 29, 2016 - 12:00 a.m. Por: Jotamario Arbeláez

Quien no cree en las deidades es porque no las merece. O no ha tenido la gracia de percibirlas. Diosas y dioses han campeado por la existencia desde antes de que los mortales apareciesen. Y, según religiones y mitologías, hasta han tomado la forma humana, ya sea para el goce terrestre o el sacrificio. No olvidemos que el paraíso fue creado en la tierra, para que la escultura de arcilla a imagen y semejanza disfrutara de los dones del cielo. Pero así como hay o hubo dioses encarnados en hombres, es más expedito el proceso por el que en la mujer despierta la Diosa. No para ser adorada, orarle, ponerle flores o encenderle velas, pues no se trata de culto a la virtud catequística ni a la milagrería supersticiosa. Es la mujer que mediante un proceso de autodescubrimiento se limpia de lastres para mostrarse en la pura gema. La que mediante la indagación y revaloración de sí misma dispone a plenitud de sus atributos. Se trata de que la misma mujer se haga digna de su adoración, lo que la hará suficiente e invencible en el manejo de su vida, de su feminidad, de sus relaciones, de su casa, de sus asuntos. Es la promesa del nuevo milenio, del ciclo femenino, donde deberán desaparecer las guerras y enfrentamientos y comenzar los ciclos de amor, perdón, gratitud y retorno a la fuente. Se establece que el milenio del falo y los guerreristas periclitó.Tiene que ser alguien que haya hecho el camino con disciplina, entrega, dedicación, fervor, convicción, limpieza, vocación y dulzura quien proponga este despertar de la diosa. Esa persona estelar por cuanto que es guía por la senda que ya transitó danzando, pues se considera la danza una de las disciplinas mayores para el autodescubrimiento: se llama Antonina Canal, y  además de bailarina es artista plástica, conferencista, coreógrafa, productora de espectáculos y terapeuta. He asistido a la Academia que dirige, Premi Shakti, y es como si hubiera entrado en el paraíso musulmán de las huríes que acompañan a los creyentes, contemplando las diversas danzas, árabe, hindú y de flamenco, en las que se adiestran docenas de mujeres de diferentes edades, medidas y condiciones. Con ellas ha logrado conformar espectáculos de hasta 400 bailarinas, llegando a ganar, en El Cairo, Egipto, medalla de oro como mejor coreógrafa en tres recientes años consecutivos. Su hoja de vida es despampanante, y la muestra como una adelantada, una iniciada, una develadora de arcanos.Ella invita y da las claves a la mujer para habitar en su hondura, a introspectarse para encontrar los veneros de crecimiento, sanación y felicidad, en un lenguaje claro y preciso, con las necesarias referencias a las creencias y prácticas orientales, en espacial de la India. No se trata de un libro ritual sino de un manual a la busca del esplendor, apelando a las artes, la música, la danza, la meditación y el yoga, excediendo lo que se conoce como libros de superación personal, entre los cuales habría que ubicar ‘Así hablaba Zaratustra’ en primer lugar. Con la diferencia de que en este caso a quien se convoca es a la Supermujer.Nunca imaginé llegar a semejante estado de fascinación por la obra de una mujer a través de disciplinas concernientes al hinduismo, en el caso presente para llenar el mundo de Diosas. Las que duermen en el interior de las féminas y hay que despertar con el soplo adecuado en pos de mayor felicidad para el mundo. Mi anterior aproximación al tema fue cuando me correspondió escribir un prólogo para el Kamasutra, editado por un par de guerrilleros reinsertados, cuando un anterior proceso de paz. Porque para llegar a la paz hay que primero acudir al amor en todas sus formas. (Prefacio al libro ‘El despertar de la diosa’, de Antonina Canal, de próxima aparición en el sello editorial Random House).

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