El clan destino

Julio 13, 2010 - 12:00 a.m. Por: Jotamario Arbeláez

En estos días me llamaron de una emisora para tratar –a los cuatro vientos del dial– el tema de la clandestinidad, que se presenta, según mis entendederas, en forma ilegal y secreta, en tres instancias principales: la conspiración política, la herejía espiritual y la infidelidad amorosa. De las tres, en alguna oportunidad, creo haberme hecho partícipe. A nadie obligan a confesar lo que puede perjudicarlo, y menos si no está siendo sometido a tortura en las mazmorras del régimen. Pero declaro ufano que a los 16 años hice parte de un grupo de estudiantes caleños que –sin apoyo ninguno del Partido Comunista ni de la burguesía ni de los medios masivos de comunicación– se propuso tumbar el régimen militar del teniente general jefe supremo Gustavo Rojas Pinilla, como en realidad lo hicimos, sin que después se nos felicitara por ello. Idiotas con útiles. Nunca milité en el Partido porque no me dejaron entrar dadas mis clandestinas inclinaciones a la matica de mafafa, y a la práctica de una poética sin anclaje en la realidad. En lo político los movimientos clandestinos tienen como objetivo tumbar un gobierno. Nuestro más notable movimiento clandestino se presentaría años después, el M-19, que durante sus primeros tiempos no se supo ni quién lo dirigía ni hacia dónde, hasta que se develó en un reportaje que su cerebro era el comandante Bateman, quien dio sus declaraciones mientras engatillaba una secadora para arreglarse el afro. Se distinguían por su sentido del humor negro. En un momento, el locutor suspendió mis declaraciones para dar paso a las del Comandante Uno de la toma de la Embajada Dominicana, Rosemberg Pabón, ahora secuestrado en Palacio por la seguridad democrática. Todos saben para quien trabaja.En lo espiritual y religioso, se impone la clandestinidad cuando se trata de implantar una creencia contraria a los dogmas en boga, o se asume preservar un conocimiento secreto. Es el papel de las sociedades secretas con ritos de iniciación y con ceremonias igualmente secretas, entre ellas la francmasonería, el rosacrucismo, el Illuminati y el Priorato de Sión. Para no hablar de las sectas adoradoras del diablo. A una de ellas pertenecí convencido de que se trataba de un movimiento poético, pero a tiempo fui redimido en una sesión de médium donde me aplicaron las debidas limpiezas con exorcismo incluido, y es así que hoy milito en unas huestes crísticas que, de todas maneras, aspiran a revisar el orden establecido por la iglesia de Roma y volver a instaurar la imagen del Cristo rebelde de los primeros cristianos, los de la conspiración contra Roma.En el amor sensual, la clandestinidad es manifiesta cuando se sostienen relaciones amorosas por debajo de la cama, por decirlo de alguna forma, de donde surge ese rey de la noche que es ‘el tinieblo’, o sea el amante que no tiene nombre ni apellido, y ni siquiera rostro. Recuerdo que Mao el locutor me preguntó por la radio, en el 2002, por qué acompañaba a Noemí en su campaña presidencial y le respondí: “Porque aspiro a convertirme en el primer ‘tinieblo’ de la Nación”. Los amores clandestinos han sido fuente dichosa de la literatura, y entre ellos habría que citar en primer término a Romeo y Julieta, esa tragedia en que los dos amantes terminan por verse muertos cada uno al otro en instantes sucesivos. Hay otra fase de la clandestinidad que son los amores gay, en especial antes de la salida del clóset, o de él, o de ella. Y en ocasiones, de ambos.En las tres circunstancias de clandestinaje, la política, la espiritual y la amorosa, los incursos tienden a ser perseguidos, y la sanción puede conllevar la prisión, el fusilamiento, la hoguera, la muenda o el uxoricidio. Y no ahondo en este rubro con mi experiencia personal, porque corro el riesgo de que me capen.

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