El arte de pedirlo (3)

Octubre 15, 2013 - 12:00 a.m. Por: Jotamario Arbeláez

En estas tretas del levante escribir cartas es anticuado y peligroso. Sobre todo si son a mano, en papel de colores, perfumado y sobre lacrado. Peligrosa boleta. Para eso se cuenta ahora con el teléfono celular, por donde el levante es más fijo que por el fijo. Explayarse en poemas para seducir es inicuo. Casi peor que mandar flores o entregar chocolates. No tiene ninguna gracia una conquista que se hace a base de esos detestables detalles que perfilan como pendejo. Más bien a la despedida se puede hacer un regalo espléndido para remachar el recuerdo.Un poema en busca de cuca es un delito lírico que no tiene perdón aunque logre su cometido. El poema de ocasión por lo general es un mal poema, pero hay que tener en cuenta que aún quedan mujeres que se babean por el prestigio del verso, y portar uno entre su cartera casi que faculta al autor a que le consigne el mismo chispazo en líquido. Y lo peor es que el pretendido poeta se infatúa con su conquista, no como tumbalocas con cheque chimbo, sino como bardo inmortal a lo Rilke y Byron. A la altura del 2003 la pedida se puso más difícil con la adopción femenina del término 'intenso' para calificar al que es persistente. Ese personaje que antes perseveraba para alcanzar, es lo más detestable para las chicas y sus amistades cercanas. De modo que hay que tratar de coronar en el primerazo. Contagiando el deseo, despertando la expectativa, estimulando la infidelidad como la más original de las aventuras, con o sin palabras, y en lo posible flechándolas en el acto con todos los subterfugios, que alguno habrá que no conozcan.En lides tan delicadas como éstas de la petición no faltan los ordinarios a los que con sus métodos chabacanos suele irles bien, pues no son muy exigentes de maneras sus requeridas, así como muchos viejos la pasan de perlas ingiriendo viagras genéricos, cuando las pindongas que pretenden también son genéricas. Suelen en plena discoteca los corronchosos exigirle a la orquesta la canción de Diego Herrera que proyectaron Los Impostores de Durango, Por cuanto me lo das, mientras sacan a bailar pegada a la chica para negociarla. Cosa que no se debe hacer nunca por respeto con la dama si lo es o si no también, así después del catrazo se la premie espléndidamente, pero por iniciativa unilateral. Esto ha cambiado de una manera dramática en los últimos días, cuando la madre de Dania, dama de compañía que puso en aprietos a los guardias de seguridad del presidente Obama en la Cumbre de Cartagena, en defensa de su hija declaró a los medios que una mujer que cobra por una faena sexual es porque se tiene en muy alta estima, sabedora de lo que vale, y que las verdaderas prostitutas son las que lo van dando gratis. Tanto esfuerzo (y no pocas veces tanta inversión) para introducirlo y al final tener que extraerlo. Paradojas de la vida galante. Lo más cruel es que después de las primeras manos a la presa haya que soltarla. Porque no hay presa superior a la libertad.Y hasta aquí llego con "El arte de pedirlo". Creo que los lectores terminaron por resignarse a que no hay ningún arte infalible para lograrlo. Espero que alguna de esas amazonas letradas con quienes fracasamos en el intento de cabalgarnos, ensayen de explayarse con “El arte de darlo”. Y que todo termine como me pasó en Madrid con una bella señora que encontré en uno de los bares bohemios de Malasaña. Me le acerqué por detrás para decirle que era una de las mujeres más sugestivas que había conocido pero que no encontraba las palabras para pedírselo. Ella me contestó sin mirarme: “Sólo dime dónde lo hacemos”. Después me di cuenta de que era la autora de un libro con ese título y que quería promoverlo. Aquí aprovecho para seguírselo promoviendo. Y espero que no se moleste con esta generosa propina.

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