El amor por los amigos

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Un día de mediados del Siglo XX me encontré por la Séptima...

El amor por los amigos

Septiembre 10, 2013 - 12:00 a.m. Por: Jotamario Arbeláez

Un día de mediados del Siglo XX me encontré por la Séptima de Bogotá con Mario Rivero, poeta de Envigado, Antioquia, de profundas ojeras y acento de bardo del Medioevo, quien me invitó a un arroz con pollo y una cerveza para leerme el poema que acababa de escribir, ‘Los amigos’. Memoro fragmentos: “A veces me pregunto / qué fue de los amigos / después de que los días / han dejado caer su ceniza... / El de la cachucha azul y raída / que limpiaba telares / Su padre era mecánico / y él también quería ser mecánico / Estoy seguro de que ambos / continúan comiendo su emparedado cotidiano / y su único amor son los tornillos / El flaco de la bicicleta / que todos envidiaban / porque tenía muchas revistas de Charles Atlas / y decía que era capaz de levantar cien kilos.” Me aguaba los ojos la dura dulzura de ese lenguaje que jugaba con el claxon de los buses donde seguramente iba el flaco. Me sentí runflante de ser su oído. Y decidí que por ahí debería orientar mi flauta si quería que sonara. Por tal camino en el lenguaje, pero también de fidelidad al donante amigo.Años después, cuando la vida comenzó a darnos garrote, recibiría la ‘Carta a los nadaístas en crisis’, donde desde su colchón de líder generacional Gonzalo Arango nos reconvenía: “Ustedes saben que la amistad fue lo que sembramos en el jardín nadaísta, que es la única flor que quedará de nosotros después del cuerpo, después del coito... Medité en nosotros y lloré por dos cosas: porque estamos muy solos como siempre pero más que nunca, y porque en el fondo nos queremos mucho, muchísimo, y nos tenemos que querer más aún, como siempre, pero más que siempre. Porque nuestro amor mutuo será nuestro triunfo común, y la patada al culo del mundo para derrotarlo”.Creo que con que se salvaran las cartas que se escribieron los nadaístas, muchas rescatadas por Eduardo Escobar en ‘Correspondencia violada’, se daría fe de que en Colombia hubo un grupo mesiánico, en el mejor sentido, que centrado en una hermandad generada por el gestor, se dedicó a multiplicar los panes y peces de la palabra para una multitud hambrienta de asombros. Así también lo cuenta nuestro malogrado novelista Humberto Navarro en esa orgía de palabras que es ‘El amor en grupo’. Evocando estos cantos a la amistad de mis maestros amigos, que me hicieron partícipe de esta guerra por el amor que es la poesía, cómo no hacerles eco, ahora que ya no caminan por la Séptima y ni acaso por el séptimo cielo. Veamos.Un amigo es una parte de tu cuerpo que camina contigo. Es aquella persona que te sirve de gafas, si no ves; de bastón, si estás cojo. Amigo es un hermano que nació en otra casa. Es aquella persona que te acepta tal como eres, sin reparar en tus defectos que sin reparar son perfectos. Pero es también quien te corrige sin que siquiera te des cuenta.A los amigos hay que aceptarlos como son, le dijo en mi presencia Belisario a Dalita. Para que ellos lo acepten a uno como uno es. Le di un beso a la dama que aceptó Belisario.Se dice de un buen amigo que es capaz de quitarse la camisa para regalártela cuando has perdido la tuya. El que te hace llegar más lejos de donde con tu propio impulso hubieras podido. El que atrapa la bala de la maledicencia en el aire. Quien no sólo tiene el brazo alegre y tendido para donarte su sangre sino que hasta es capaz de disparar en tu propia defensa propia.Un puñado de amigos bien supera con creces los inconvenientes del mundo. Uno es muy afortunado de contar con amigos leales, sinceros y generosos. Pero lo más importante es que también ellos puedan contar con uno.Estamos nuevamente en el mes del amor y de la amistad. Ya tocamos con pinzas a los amigos. De los amores nos encargaremos más tarde.

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