Dios te salve, Fidel

Diciembre 06, 2016 - 12:00 a.m. Por: Jotamario Arbeláez

Hace 12 años publiqué esta columna, donde hacía referencia a una información confidencial de un atentado contra Fidel que no quedó codificado entre los otros seiscientos y tantos. Lo hice porque fui advertido por el poeta José Luis Díaz Granados que el difusor de la especie, el exconsejero de la Embajada de Cuba en Bogotá, Tony López, ‘Tonilo’, la había divulgado profusamente en La Habana. Ahora que el querido ‘Caballo’ y nuestro juglar macondiano nos han dejado, siento mi deber repetirla.“Cuando de la Corporación José Martí me pidieron unas palabras para el brindis del cumpleaños 78 de Fidel Castro, a celebrar en la Casa del Valle con la aquiescencia de la embajada cubana, sentí una especie de... bloqueo. ¿Por qué habría de ser un incómodo compañero de viaje, habiendo tanto comunista sobreviviente, quien levantara la copa por una de esas figuras enormes de la historia, que en este mundo gobernado por mequetrefes continúa la epopeya de la revolución de su pueblo, después de 45 años bien cumplidos y bien bloqueados?Recordé que hacía 11 años exactos, en agosto del 93, Fidel estaba en Cartagena, de regreso de la posesión del Presidente de la República de Bolivia, y en un principio se le negó el necesario suministro de combustible para seguir a Cuba. Por esos días algunos escritores como el tal Plinio Mendoza, que no rebajan calificar al visitante de tirano, promovían un libro del argentino Andrés Oppenheimer, que habría de precipitar su caída, suponiendo que si un che lo había llevado al poder era apenas lo justo que otro che se propusiera tumbarlo…Una fuente diplomática de más alta veracidad que ‘Garganta profunda’ me contó la noche del brindis con mojito, el pasado 13 de agosto, con carácter de confidencia que me sería una irresponsabilidad respetar, una historia de esa visita que jamás trascendió. Que nuestro Nobel García Márquez invitó al Comandante a dar una vuelta por la ciudad amurallada en carroza, y que había un francotirador apostado en una almena con la misión de despachar a Fidel. Tres veces pasaron por enfrente del apuntador. La primera en el momento en que Gabo se acercaba a Fidel para encenderle el puro con su bricket; la segunda cuando Fidel se le acercó al oído a Gabo para decirle que le parecía una putez que las gasolineras de Colombia lo dejaran varado en un sitio tan inseguro; la tercera cuando ambos se abrazaron en celebración de que Cartagena y La Habana eran las ciudades más bellas del mar Caribe. El mercenario costeño, que era un experto pero no un bruto, finalmente no disparó, temeroso de que por una falla de puntería pudiera impactar a Gabito. ¡Para eso deben servir los amigos! Así se salvaría de otro de los 600 y pucho de atentados contra su vida de comandante del país de la bandera de la estrella resistente que es él. Por lo menos la más grande, la más alta, la que más brilla.Por una sorprendente coincidencia, al otro día los mandos militares y la gasolinera Terpel accedieron al tanqueo, el comandante despegó ileso a su isla, Gabo se encerró a escribir Del amor y otros demonios y el francotirador comenzaría a cantar con orgullo su magnicidio frustrado en los bares de Getsemaní, mientras se bebía el anticipo. Es de suponerse que este fallido ajusticiador, por gabólatra, no vería salir el sol…En todo caso, Fidel, si la Historia ya te absolvió, y Gabo ya te amparó, nunca sobra que Dios te siga salvando.”

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