De amantes y amigos

De amantes y amigos

Febrero 21, 2012 - 12:00 a.m. Por: Jotamario Arbeláez

Mantengo tantos amigos como amores que me dejaron y nunca me he quejado de los unos ni de las otras. Una mujer que tuve me abandonó por un amigo y cuando se les acabó el amor regresó el amigo. La mujer de un amigo que tenía dos decidió que yo también podía tener dos mujeres. Un amigo me confesó que su mujer lo había dejado por otra. No se puede ser amigo de la mujer de un amigo sin correr el riesgo de que la mujer propia se vuelva amiga del amigo. Como cuando los políticos pierden las elecciones y dicen que regresan felices al hogar y a la biblioteca que tenían tan descuidados, así los amantes cuando sus amores se pierden regresan resignadamente felices a la taberna y los amigos a seguir pontificando acerca del amor y sus riesgos. Hay que desconfiar tanto de las amantes que quieren ser tu mejor amiga como de las amigas que quieren ser tu mejor amante. Casi todos los amores terminan por imponer el dilema: ¡Tus amigos o yo!, mientras que casi nunca se oye que estos propongan: ¡Tu mujer o nosotros! “La verdadera amistad es más rara que el verdadero amor -me escribió Vargas Vila- y el verdadero amor no existe”. Y añadió para dejarme viendo más chispas: “Yo no tengo amigos sino enemigos domesticados”. Yo sí tengo amigos que me valen tanto como lo que me queda de vida. Y amores verdaderos que no tienen nada de raros. Si me salvara en un naufragio con un amor y un amigo y la balsa sólo resistiera con dos, en vez de tirar a cara y sello con cuál me iba, decidiría que siguieran ellos dos mientras yo continuaba a nado ahuyentando a los tiburones. Uno puede tener un millón de amigos, pero con una sola amiga basta y zozobra. Ser hombre de pocos amigos puede significar cuidarse de la promiscuidad amistosa, pero ser hombre de pocas amantes puede inferir cierta debilidad de la próstata. Cuando uno pierde un amor pierde la mitad de su vida y la mitad de sus pertenencias, mientras que cuando pierde un amigo pierde solamente el amigo. Se supone que una cosa son los amantes y otra cosa son los amigos, pero se ha vuelto un eufemismo referirse al o a la amante como mi amigo(a). Ven con tu amiga, dicen los amigos cuando invitan a una fiesta con aires de celestinos para verlo terminar encatrado. Me dice mi hija que también existen los amigovios. Quienes tienen todos los derechos de los amantes pero ninguno de los deberes. Los que son como mágicos de esos que echan un polvito y desaparecen. En una de sus encuestas para revistas, Stella Villamizar planteó un cuestionario a la gente del arte y de la farándula -que somos quienes más sabemos de sexo-, a propósito del amor entre los amigos. Reproduzco mis respuestas que no son bromas. La primera, referida a si he tenido relaciones amorosas con las amigas: “Con algunas amigas he tenido relaciones sexuales, nunca amorosas. Si fueran amorosas las relaciones, las amigas dejarían de ser amigas y se convertirían en amantes, con toda la ‘mamera’ que ello conlleva”. La segunda, si esas relaciones se fortalecen y si se hace necesario el amor: “Pienso que el amor, con toda la melosería que le atañe, no es para nada necesario en el coito libre. Incluso puede ser un ingrediente estorboso. La amistad se conserva y se fortalece hasta que la señora de uno descubre todo. Allí termina la relación y a cambiar de amiga”. La tercera, a si el sexo está presente en la relación amistosa: “El sexo de la mujer siempre está de por medio, y no me refiero sólo a sus piernas. A una chica le dije por probarla que sólo quería ser su amigo. Ella, convencida de que amigo y amante tienen en común la raíz, me contestó desvistiéndose: ¡Entonces, ámame!”.Después de permitirme expresar todas estas bestialidades, deseo a mis infinitos amigos y a mis eternos amores que no me vayan a sacar de sus listas.

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