Vergüenza

Marzo 16, 2015 - 12:00 a.m. Por: José Félix Escobar

Dos cadenas de sucesos de los últimos días han hecho brotar en los espíritus sanos la amarga sensación de la vergüenza. En el plano internacional es un despropósito que fueran los Estados Unidos los que en declaración unilateral alertaran sobre los peligros que para la sana convivencia democrática representan los crecientes atropellos del régimen venezolano de Nicolás Maduro. Es francamente vergonzoso que los países latinoamericanos, firmantes de cuanto tratado hay para la protección de los derechos humanos, pasen agachados ante los descarados abusos del régimen chavista.Muy distinta fue la actitud de la Unión Europea cuando un líder fascistoide, Viktor Orban, trató de mellar las garantías democráticas en Hungría. Se le reprendió de modo severo. Pero en Latinoamérica este ominoso silencio parece orquestado por un compatriota que no siente vergüenza propia sino que la causa a los demás. Nos referimos a Ernesto Samper, quien volvió a soltar uno de sus famosos chistes flojos: que en Venezuela opera normalmente la tridivisión de los poderes públicos. ¿Acaso el Poder Ejecutivo no está machacando de manera sistemática a los líderes de la oposición? ¿Y el Poder Judicial, cuándo falla en contra del Estado? ¿Es que la Asamblea Nacional hace algo diferente a amedrentar y tratar de silenciar a los diputados opositores?Alguna explicación nos debe el gobierno Santos sobre el increíble reencauche dado a Ernesto Samper, todo un réprobo del verdadero sistema democrático. ¿Y nuestra Cancillería por qué calla de modo constante ante los atropellos anticolombianos de Nicolás Maduro y sus secuaces? En reciente discurso (si es que sus populacheras peroratas llegan a tanto) Maduro tildó poco menos que de asesino a nuestro prócer y expresidente Francisco de Paula Santander. También se había referido en términos similares a Álvaro Uribe Vélez. Silencio del actual gobierno. En lo corrido del año más de mil colombianos han sido deportados del país vecino. Si el gobierno de Colombia no es capaz de sacar la cara por los expresidentes, qué podrán esperar los pobres expatriados.Pasando a lo nacional, vergüenza total causa el indigno escenario de corrupción que se destapa por pasos en el seno de la Corte Constitucional. No nos cabe ninguna duda acerca de que el señor Jorge Pretel siempre ha estado en el lugar equivocado. Ni su figura debió dejar huella alguna en las beneméritas aulas del Colegio Mayor del Rosario, ni debió ocupar plaza alguna en la Corte Constitucional. Un admirador del dios Mercurio no tiene por qué introducirse en los lares de la diosa Temis.El magistrado cuestionado debe abandonar de inmediato la alta Corte. Es una vergüenza que su proceder desconozca un deber fundamental del abogado: “Conservar y defender la dignidad y el decoro de la profesión”. En materia de decoro y dignidad no hay fuero. Es la opinión pública la que dictamina y en el caso del señor Pretel el fallo es contundente. Debe irse. Permitir la presencia de este funcionario después del escándalo solo conseguirá que la gente haga generalizaciones totalmente injustas.Los remedios deben proponerse rápido para evitar que la gran vergüenza se reproduzca. No hay razón para que ciertos lobistas se especialicen en la visita sistemática a los altos magistrados. Permitir eso pone en entredicho a la inmensa mayoría de los funcionarios judiciales, que son esforzados y probos.

VER COMENTARIOS
Columnistas
Publicidad