Veredictos populares

Veredictos populares

Enero 28, 2018 - 11:50 p.m. Por: José Félix Escobar

Las elecciones arrojan resultados que se constituyen en auténticos veredictos populares. En ellas intervienen las pasiones y los prejuicios, la información sesgada y hasta el ‘pensar con el deseo’. No siempre los veredictos electorales son acertados. Con toda seguridad Donald Trump y su equipo no eran mejores que Hillary Clinton y el suyo. Y sin embargo Clinton fue derrotada. Y ese pésimo administrador de lo público que se llama Gustavo Petro no debería figurar tan bien afianzado en el querer de muchos colombianos.

Por definición las sentencias judiciales deben ser imparciales porque se fundamentan, o deben hacerlo, en la certeza que brindan las pruebas. No faltan, por supuesto, juzgadores perversos que venden sus decisiones al mejor postor. Pero la regla general, muchas veces comprobada, es que las sentencias judiciales son acertadas. En los fallos de los jueces lo que prima es el análisis desapasionado y riguroso de los hechos.

Hace carrera en nuestra América Latina la prioridad que muchos países parecen dar a los veredictos populares sobre las decisiones judiciales. El caso de Lula da Silva en Brasil es sintomático. Cuando incursionó en la política, Lula se constituyó en una gran esperanza y en un modelo a seguir. La imagen romántica del trabajador que perdió un dedo en una máquina de la fábrica en la cual laboraba; su reconocida afinidad con las causas populares; su oratoria cargada de palabras propias de las personas comunes, convirtieron a Lula da Silva en algo parecido a un héroe.

Pero como tantos otros líderes, Lula sucumbió ante la tentación del soborno. La justicia brasileña ha encontrado probada en dos instancias la coima que una constructora brasileña pagó a Lula para que se le otorgara contratos con Petrobras. No se trataba de cosa menor. A Lula se le entregó un amplio apartamento de tres pisos al lado del mar en un lujoso sector del estado Sao Paulo.

Lula y sus partidarios contestan con marchas y manifestaciones ante cada nueva condena. Creen que el fervor popular lava las culpas y se sobrepone a las sentencias de los jueces. La última condena a Lula fue respondida por este con la amenaza de que se lanzará a las próximas elecciones presidenciales. Como si la cerrazón de sus partidarios borrara la triste realidad de que el que se mostraba como un gran líder, resultó ladrón.

El cuestionamiento populista a las decisiones judiciales proviene tanto de la izquierda como de la derecha. La última elección presidencial de Honduras, ya aprobada por la justicia, ha sido rechazada por los partidarios del candidato derrotado. Los seguidores de Cristina Fernández se han manifestado en contra de las decisiones judiciales que han involucrado a la expresidenta en el esfuerzo por borrar la conexión Iraní en el atentado contra la mutual judía Amia en 1994.Tambien se ha cuestionado desde la calle el reciente perdón presidencial al exmandatario peruano Alberto Fujimori, no obstante que el presidente Kuczynski está facultado por las leyes para otorgar ese trato de favor. De Venezuela no hablamos porque ni hay democracia ni hay justicia.

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Comienzan a verse obras concretas en Cali y sus alrededores: la ampliación de la vía Cali–Yumbo, el decidido empuje para solucionar el problema del jarillón, la apertura de soluciones viales hacia el sur. Lo que habla muy bien de nuestros actuales mandatarios regionales.

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