Un caos anunciado

Un caos anunciado

Octubre 08, 2017 - 11:50 p.m. Por: José Félix Escobar

Un hombre de pequeña estatura, Jordi Pujol, manejó los asuntos de Cataluña durante varias décadas. Pujol demostró gran habilidad política y tomando como eje de su actividad el partido Convergencia Democrática fue construyendo un sólido aparato nacionalista desde la base hasta la penetración en las élites económicas de esa región. Sin duda el éxito de Pujol consistió en una paulatina reforma educativa orientada a que los niños aceptaran desde la más tierna edad la lengua catalana y el imaginario nacionalista que la rodea.

Son memorables las comparecencias públicas de Jordi Pujol. No importa quien fuera el interlocutor o cual fuera el escenario Pujol se despachaba con discursos en catalán, en un tono casi inaudible. Un gracejo español de la época lo invitaba a expresarse claramente: “Pujol, enano, habla castellano”. El líder catalán continuaba impasible en la construcción de la estructura nacionalista que se había propuesto formar.

Pero hubo un gran problema: Pujol resultó ladrón. Después de abandonar la presidencia empezaron a conocerse los multimillonarios depósitos que Pujol y su familia tenían en paraísos fiscales. Las explicaciones del veterano líder fueron muy poco convincentes: hablaba de viejas herencias de su familia que obviamente no pudo demostrar. Lo que realmente había sucedido era que Pujol y sus amigos de Convergencia Democrática cobraron durante años comisiones por cada contrato y por cada obra pública que se llevaba a cabo en Cataluña.

La estrategia de los nacionalistas, una vez descubiertas las trampas de Pujol, consistió en huir hacia adelante. A partir de 2010 las autoridades catalanas comenzaron una progresiva labor de confrontación con los poderes legítimos del estado español. Olvidando que la base de la democracia está en el cumplimiento de las normas constitucionales y legales, a los nacionalistas catalanes se les vino a la cabeza la idea de que ellos eran anteriores y superiores a la Constitución de 1978. El desconocimiento de las autoridades nacionalistas a las órdenes del Ejecutivo central se volvió cosa de todos los días. Sentencias del Tribunal Supremo y del Tribunal Constitucional fueron desconocidas por los gobernantes de Cataluña.

El caos que estalló con el referendo del 1º de octubre tiene otro actor determinante: el presidente Mariano Rajoy. Pocas veces se ha visto un gobernante más pusilánime y timorato. A la hora de tomar las decisiones que le impone su cargo de presidente del Gobierno Español, Rajoy se pierde en las nebulosas de su temperamento gallego. Así, por ejemplo, el presidente catalán Carles Puigdemont debería haber sido separado de su cargo hace meses y en estos momentos tendría que estar enfrentando cargos judiciales por desleal y sedicioso.

El artículo 155 de la Constitución española da plena facultad al Estado para tomar el control de una comunidad autónoma cuando ella se suma en la rebeldía y en la falta de acatamiento a lo dispuesto por los poderes centrales. Desde noviembre de 2016 los nacionalistas venían anunciando su intención de convocar un referendo sin ningún apego a la Constitución. El presidente Rajoy no movió un dedo. Su inactividad obligó al rey Felipe VI a intervenir públicamente en defensa de la unidad de España.

La actual huida de empresas e inversionistas de Cataluña es producto de la suma de la audacia y la incompetencia.

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