Twitter y el carné

Twitter y el carné

Junio 10, 2013 - 12:00 a.m. Por: José Félix Escobar

“Si tienen Twitter, ¿para qué quieren el carné de un partido?”. La frase es del periodista español Lluis Bassets. Hablando de las últimas manifestaciones que han conmocionado al gobierno cuasi–dictatorial del premier turco Recep Erdogan, Bassets analiza el creciente papel de las redes sociales en el activismo de los jóvenes, y cómo -estando sintonizados por estos nuevos medios de comunicación- abogan por la desintermediación política. Lo que ellos desean lo quieren ya y sin representantes políticos de por medio. Ni sueñan con afiliarse a los partidos. Nada más peligroso que el escepticismo despertado entre los jóvenes hacia los representantes políticos. El peligro lo corren ambos extremos: tanto el común de la gente como la clase política. Los ciudadanos pueden acostumbrarse a la efectividad rudimentaria de la turba, convirtiendo así su sociedad en una continua sucesión de manifestaciones callejeras. Y los políticos profesionales pueden simplemente desaparecer para dar paso a rampantes populistas. Lo primero es una forma de anarquía y lo segundo privaría a la sociedad de la gestión beneficiosa de muchos que de verdad nacieron para el servicio a los demás. Cicerón dijo que “el orden consiste en el hecho de que el pueblo obedezca a los gobernantes y que los gobernantes obedezcan a las leyes”. Invirtiendo la frase, solo cuando los gobernantes obedezcan a las leyes pueden asegurarse de que los ciudadanos los obedecerán. El pueblo -como lo llama Cicerón- quiere saber si los gobernantes están persiguiendo el bien de la comunidad o si andan tras unas ventajas personales indebidas. De ahí el enorme esfuerzo que los órganos de control institucional y las instancias de control ciudadano deben hacer para evitar que los presupuestos oficiales se evaporen; y para inhibir la conversión de los funcionarios públicos en burócratas sin intenciones de cumplir con sus deberes.Bien por el Consejo de Estado, que acaba de determinar que sí hubo responsabilidad del Estado colombiano por el despeje del Caguán, en 1998, pues la obligación indelegable de las autoridades consiste en proteger la vida, la honra y los bienes de los ciudadanos. Y bien por la Procuraduría, que ha llamado a responder a los funcionarios de la Superintendencia Financiera que permitieron con su negligencia el gigantesco descalabro de Interbolsa: era imposible para un vigilante no darse cuenta de lo que allí se estaba cocinando. Y ojalá sigan en la lista los supervisores que no supervisan, los interventores que no intervienen, y todos los funcionarios que les sacan el cuerpo a sus obligaciones precisamente determinadas en las leyes.Solo demostrándoles a los más jóvenes que el Estado se esfuerza por mejorar, se logrará extraerlos de la disneylandia de las redes sociales y hacerlos partícipes de la marcha de la sociedad a la que pertenecen.***Resulta inútil hablar de integración efectiva entre los países del Pacífico si no se destapona por carretera el Darién. La comunicación entre Panamá y Colombia no se puede dejar en manos de los contrabandistas y de los cables eléctricos.

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