Todo lo contrario

Todo lo contrario

Julio 23, 2012 - 12:00 a.m. Por: José Félix Escobar

A los gallegos los molestan por su gusto por las respuestas vagas: “Ni lo uno ni lo otro, sino todo lo contrario”. Mariano Rajoy, el actual presidente español, no escapa a los tentáculos del lugar común. Su estirpe gallega se le nota en los momentos en que debe leer la realidad, procesarla y dar después una opinión sobre lo que está pasando. Muchas veces calla cuando tendría que hablar. Muchas otras distorsiona, enviando mensajes errados. En ocasiones se sale por la tangente, como cuando, en medio de la aguda crisis económica, viajó a Polonia a presenciar un partido de fútbol de la reciente Eurocopa.La historia registra la inesperada derrota del Partido Popular en las elecciones de 2004. El candidato del PP, Mariano Rajoy, aparecía como ganador en todas las encuestas. Tres días antes de las elecciones se produjeron graves atentados en el Metro de Madrid; sin mediar previa indagación, Rajoy y su equipo adjudicaron de inmediato la responsabilidad de los crímenes al separatismo vasco, porque eso ‘cuadraba’ con su programa de gobierno. Un día después de las masacres, la Policía española negó tal responsabilidad y comenzó a desmadejar una siniestra operación del terrorismo islamista. La opinión pública se sintió engañada por el PP y se volcó en apoyo a Rodríguez Zapatero, dándole el triunfo. España se debate en medio de una seria y grave crisis económica. Hasta 2011 la crisis fue muy mal gestionada por el socialismo gobernante, pues Zapatero comenzó negando la gravedad de la situación y al final —presionado por la Unión Europea— se vio forzado a tomar algunas medidas. Se suponía que la llegada de Mariano Rajoy cambiaría el rumbo de las cosas, pero ha sido, como en el refrán gallego, “todo lo contrario”. Desde el arribo de Rajoy al poder, la prima de riesgo de la deuda española casi se ha duplicado. Y los medios destapan todos los días escándalos de malos manejos efectuados por gente del Partido Popular.Se abona a España que es un viejo país, pero una joven democracia. La actual crisis y su errático manejo han puesto sobre el tapete la dificultad que muestran los partidos para purificar sus propios cuadros y castigar a los que festinan los recursos públicos. La comunidad de Valencia viene siendo manejada por miembros del PP desde hace años. Esta etapa ha coincidido con graves desfalcos y una quiebra generalizada de la moral pública: Francisco Camps, el anterior presidente autonómico, recibía sobornos en trajes hechos por afamados sastres; Carlos Fabra, líder regional histórico, hizo construir en Castellón un aeropuerto en el cual no pueden aterrizar los aviones; y hasta la visita del Papa a Valencia, en 2006, fue motivo para que se produjeran grandes desfalcos por parte de quienes la organizaron. Rajoy por lo general ha guardado silencio.Valencia se ha declarado prácticamente en bancarrota en las últimas horas, agravando la percepción que tienen los mercados sobre la viabilidad española. Mariano Rajoy tendría que saber que a los desfalcadores del erario no se les cobija con la solidaridad de cuerpo, sino “todo lo contrario”.

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