Sombras húngaras

Mayo 27, 2013 - 12:00 a.m. Por: José Félix Escobar

Hay que decirlo a plena voz: es un gran triunfo de los cuatro presidentes de los países que conforman la Alianza del Pacífico la consolidación de un proyecto que no tiene más de dos años; excelente la gestión del presidente Santos y de su gobierno para traerse a Colombia la sede de la Cumbre; magnífica la labor del Alcalde de Cali, de los directores de gremios y organizaciones cívicas, del Club Campestre; en fin, un resultado que enaltece a nuestra ciudad. “La capital del Pacífico”, ha sido llamada por Santos.La trascendencia de este bloque comercial es tan grande que ha despertado de inmediato el interés de las potencias económicas del orbe. Nos están visitando constantemente delegaciones de muchas partes, preguntando, inquiriendo, averiguando. Es que la Alianza nació en el preciso instante en que el centro de gravedad del mundo se ha trasladado al Asia – Pacífico. Si la primera potencia mundial, Estados Unidos, ha desplazado su atención política y militar desde Europa hacia el Pacífico, por algo será.Por supuesto que la Alianza es ante todo un bloque comercial, pero no puede quedarse simplemente en eso. Hay que estructurarla sobre la base del respeto a principios fundamentales de fe en la democracia, de creencia en las bondades del libre mercado, de reconocimiento constante a la libertad de expresión y al pluralismo político. Que no caiga en manos de quienes buscan que las economías vayan bien aunque los países vayan mal.En ese orden de ideas, hay que exigir a los países que quieren montarse en un bus que ya arrancó, que profesen y apliquen el credo democrático. Nicaragua, por ejemplo, no debería ni siquiera ser considerada como postulante mientras el capataz Ortega y sus parientes manejen allá las cosas a su antojo. Y Ecuador –nuestro viejo y estimado vecino– tendrá que librarse de la arrogante autocracia de Correa antes de permitir su presencia en la Alianza. A este caprichoso líder hay que decirle que no se puede compensar el recorte de unos metros de libertad de expresión con la entrega de varios kilómetros de carreteras.Que no se proyecten sombras húngaras sobre la naciente Alianza. En Europa la Unión es mucho más que una moneda común o una ausencia de visados. Hay unos postulados democráticos que ningún país miembro puede desconocer a su antojo. En Hungría el primer ministro Víktor Orbán ha arremetido contra la libertad de prensa, contra la separación de los poderes, contra la independencia del poder judicial, contra la autonomía del banco central. Es decir, desconoce de manera sistemática la estructura ideológica de la Unión, por lo cual Bruselas ha comenzado a apretarle férreamente las clavijas. El asunto es simple: no se puede estar en la Europa comunitaria sin practicar el credo democrático.La Alianza del Pacífico no puede incurrir en los errores que los demás organismos supranacionales de la región han cometido. Señores, ¿quieren estar en la Alianza? Profesen activamente la democracia. Si esto hubiera ocurrido con el virus del chavismo, no estarían varios países de América viviendo las penurias actuales.

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