Sistemas en crisis

Junio 20, 2016 - 12:00 a.m. Por: José Félix Escobar

De vez en cuando se escuchan voces que recomiendan para nuestro país la adopción del sistema parlamentario. Afirman esos consejeros que el parlamentarismo contribuye a que los gobiernos tengan más sosiego menos sobresaltos. Vale la pena analizar con ánimo desprevenido lo que está sucediendo desde hace seis meses en España, una monarquía parlamentaria. En diciembre pasado el resultado de las elecciones no permitió a ninguno de los partidos con representación en el Parlamento formar gobierno. Desde entonces se han ensayado varias coaliciones sin que ninguna de ellas logre la mayoría necesaria. Se espera que en las próximas elecciones del 26 de junio, termine un semestre sin un gobierno definido. Solamente el grado de civilización política al que llegó España (la España Europea) ha permitido que la marcha del Estado continúe sin mayores contratiempos. Ojalá España pueda por fin escoger un gobernante en firme. Pero, ¿se imagina alguien a un país latinoamericano, con sus grandes tensiones y desigualdades, soportando un semestre de indefinición en la jefatura del gobierno? ¿Cómo podría manejarse la crisis del Brasil si el vicepresidente Temer no hubiera tomado las riendas del poder tan pronto fue suspendida de su cargo Dilma Rousseff? También se ha dicho que el sistema parlamentario es garantía de que el debate político transcurra en medio de la más alta tranquilidad. En términos generales esto es cierto. Pero no dejan de suceder casos terribles como el de la diputada británica que acaba de ser asesinada por un fanático aislacionista que arremetió contra ella en momentos en que la víctima hacía campaña para mantener a Gran Bretaña dentro de la Unión Europea. Típico crimen de intransigencia política, que ha sacudido los cimientos del parlamentarismo británico. Tal vez la gran culpable en este caso es la manera pasional como se proponen ciertos debates en la política.La verdad es que no hay sistema político perfecto. Para la forma en que se produjo la descolonización de los países americanos, el sistema presidencialista diseñado a imagen y semejanza del que rige en Estados Unidos desde su independencia, ha sido el más apropiado. Desde luego que los espíritus caudillistas siempre tratan de darle tintes autoritarios y casi dictatoriales al sistema presidencial. El caso más aberrante es el del régimen chavista, que cuando tomó las riendas del poder, convirtió el presidencialismo venezolano en una virtual dictadura. Por ello los demócratas de verdad deben cuidarse de estas graves desviaciones.En la gran mayoría de los casos las falencias que se anotan al sistema presidencialista tienen que ver con errores personales de los presidentes. En este sistema el primer mandatario ostenta las características de jefe del Estado y del gobierno, lo que le da una gran cantidad de poder efectivo. Si fallan los presidentes en el ejercicio de su mandato, sus equivocaciones trascienden a muchos campos. Por ello nunca sobra recordar que las virtudes del republicanismo (moderación, trato respetuoso, tolerancia, apego a la ley) vienen como anillo al dedo a quienes ejercen la presidencia.Que gran bien le haría al país el presidente Juan Manuel Santos si tomara conciencia de que su nivel de aceptación entre la gente es muy bajo. Hablaría menos, provocaría menos y convocaría a más compatriotas alrededor de los grandes temas del Estado.

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