¿Será obsoleto?

Octubre 15, 2012 - 12:00 a.m. Por: José Félix Escobar

No se puede seguir eludiendo el tema cuando ya una persona de la importancia de Arne Duncan, secretario de Educación de los Estados Unidos, afirmó hace pocos días que los libros de texto impresos en papel serían obsoletos en corto tiempo. Duncan describió el futuro próximo como el reino de la enseñanza digital, llevada a cabo a través de los más variados equipos y tecnologías. Y, por supuesto, unió su voz a la de cientos de autodeclarados visionarios que vienen anunciando desde hace años la muerte del papel.Hay que poner las cosas en su contexto. La cultura norteamericana tiene dentro de su credo colectivo la idea de que las cosas se inventan, se fabrican para que duren corto tiempo y luego se reemplazan por nuevos inventos. Es la doctrina de la ‘obsolescencia programada’, cuya paternidad algunos atribuyen a Keynes. Se trata sin duda de la quintaesencia de la sociedad de consumo. Desde este punto de vista puede sostenerse que los norteamericanos privilegian la innovación y aman entregarse a los resultados de ella. Pero el papel resiste. Sigue siendo un insumo de bajo precio, con la gran ventaja de que producirlo y usarlo demanda poca energía, si se hace la comparación con las máquinas que procesan la información. A un libro impreso en papel nunca hay que enchufarlo a la corriente eléctrica, ni proveerlo de baterías para que cumpla su cometido. Hace ya muchas décadas que los bosques que dan origen al papel gozan de protección, son renovados y sostenidos de manera constante, y su supervivencia está razonablemente a salvo. No faltan quienes depredan las selvas, pero están bajo la mirada de cientos de autoridades.El libro impreso es muy viejo y las máquinas que permiten leer son muy nuevas. La humanidad todavía no ha experimentado la época en que habrán de escasear los minerales y los principales insumos usados en la fabricación de computadores. Así como el arrasamiento de los bosques naturales hizo encarecer hace años el papel, al silicio, al cuarzo y al coltán también les llegará su hora. Bien por exceso de explotación, bien por consideraciones políticas, esos elementos tendrán que escasear en el futuro. En ese escenario, allí estarán los árboles de siempre, dispuestos a suministrar el inveterado papel.El motivo de esta nota no es otro que el de alertar sobre los innovadores insensatos. Son los mismos que declararon la muerte de los trenes y, sin embargo, continúan tendiéndose líneas férreas en el mundo. Se trata de las voces que en su momento enterraron el disco de vinilo y este, a pesar de todo, se mantiene. La innovación crea nuevos espacios y sus frutos entran a competir con las antiguas tecnologías. En esa lucha los impresos en papel sufrirán pero saldrán adelante. ¿Es que alguien se imagina ‘Cien años de soledad’ convertido en una simple cajita metálica?***No se requiere un doctorado en ciencia política para especular con acierto sobre el futuro de la Venezuela chavista. La demostración de ello es el video -ampliamente divulgado- en el que un niño de 4 años rompe a llorar cuando le dicen que Chávez volvió a ganar…

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