Responsabilidad

Responsabilidad

Octubre 22, 2017 - 11:50 p.m. Por: José Félix Escobar

La humana es una sociedad organizada, compuesta por muchos millones de individuos que tienen asignada una misión y deben cumplirla con responsabilidad. Lo anterior es válido para quienes desempeñan desde los oficios más pequeños hasta los cargos dotados de gran poder. Lo que con lástima hemos estado presenciando en los últimos tiempos es la quiebra del sentido de misión y por ende la ausencia de responsabilidad en la ejecución de los actos humanos.

El espectáculo observado en el Congreso Nacional en la semana pasada francamente da grima. Parlamentarios enzarzados en agrias disputas; todo un festival de egos sin control; agravios que van y ofensas que vienen. Se olvidaron las fuerzas políticas que su misión consiste en representar los intereses de la ciudadanía, fin al cual deben dedicarse con plena responsabilidad.

¿Se habrán dado cuenta nuestros políticos que el año 2018 es un período electoral en el cual los ciudadanos seremos llamados a ejercitar el derecho fundamental de elegir nuestros representantes? ¿Votarán los colombianos por una senadora energúmena que dispara ofensas “antes de que llegue la orden”? ¿Confiará el electorado en un Ministro del Interior que pretende imponer su voluntad al Congreso para sacar adelante los proyectos de Ley que más le interesan?

Muchos gremios y asociaciones han optado por pensar primero en ellos y en sus propios intereses, y que al resto de la población se la lleve el diablo. A esto algunos lo llaman actividad sindical, cuando no es otra cosa que la violación palpable del precepto constitucional que obliga a dar primacía y prelación a los intereses fundados en el bien común. Los paros de camioneros, de maestros y de pilotos, entre otros, han causado al país graves perjuicios que la inagotable resiliencia del presidente Santos Calderón ha pasado por alto.

Pero no solamente en el plano nacional se observa una quiebra en la noción de responsabilidad. Hoy todo el mundo civilizado condena con vigor las tropelías electorales del dictador venezolano Nicolás Maduro y de sus secuaces. Elección que convocan, se la ganan con trampas monumentales. El cinismo y la falta de responsabilidad de la directora del Consejo Nacional Electoral, Tibisay Lucena, ha llegado al punto de ofrecerse a dar clases de pureza electoral a las democracias más avanzadas del orbe.

Toda Europa observa en estos momentos la más irresponsable de las aventuras que han sucedido en ese continente en los últimos años. Hablamos de la independencia de Cataluña, proyecto cuya viabilidad es inexistente. En lo que va del mes de Octubre varios centenares de empresas han huido de Cataluña por el temor bien fundado a quedarse sin acceso al Mercado Común Europeo.

Los líderes nacionalistas catalanes perdieron hace rato la claridad sobre su misión. Como el de cualquier gobernante, el propósito de la autoridad en Cataluña no es otro que el de dar satisfacción a las necesidades de toda la comunidad y no de una parte de ella. La ideología del catalanismo es profundamente desviada de la realidad. No por el hecho de hablar una lengua diferente y de creerse ricos los catalanes pueden lanzarse a la aventura de prescindir del resto de España y de quedarse por fuera de la Comunidad Europea.

En los casos de Nicolás Maduro y de Carles Puigdemont se ha cometido un clásico error: el de empoderar mediocres.

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