Remedos

Octubre 04, 2010 - 12:00 a.m. Por: José Félix Escobar

La realidad se encarga de demostrar hasta la saciedad que las elecciones, por sí solas, no legitiman a los regímenes democráticos. Las burdas trampas que acaban de notarse en las recientes elecciones venezolanas no hacen más que corroborar este aserto. Si se acepta que los comicios electorales son los instrumentos más recomendados para detectar a las mayorías y para reconocer a quienes las representan, lo que el dictador Chávez Frías y sus secuaces hicieron hace unos meses, como burda preparación de un chocorazo técnico, es merecedor de toda crítica.Con la determinación de quienes estudian las tendencias de los votantes para apropiarse fríamente de sus votos, los chavistas reconfiguraron los distritos electorales en 7 de los 23 estados venezolanos con el ánimo deliberado de incrementar el valor del voto en los distritos de mayoría chavista y de desvalorizar la representación parlamentaria de los sectores donde la población es abiertamente opositora.El resultado de la trapisonda ha dejado boquiabierto a más de uno. Con votaciones similares en número, los chavistas obtuvieron 98 diputados y la oposición apenas 65. Pero las trampas no quedaron ahí. No obstante haberse instalado en el país vecino un sistema muy moderno de votación y reconteo, nadie se explica por qué las autoridades electorales demoraron ocho horas en suministrar los primeros datos. Lo cierto es que medios tan serios como BBC alcanzaron a dar como ganadora en el número de votos a la oposición, antes de que los magos electorales invirtieran el resultado.Como suele suceder, no falta el duendecillo travieso que descorre el velo de las maquinaciones. Los tergiversadores de datos olvidaron que -paralelamente a la elección de diputados- los venezolanos elegían a sus representantes en el parlamento latinoamericano. En este caso se trataba de una elección de alcance nacional. Y en ella los resultados oficiales sí reflejaron la mayoría de la oposición: 53% contra 47% del chavismo. A los seguidores del dictador no les alcanzó el tiempo para torcer también este resultado. Los remedos de elecciones no forman parte de la esencia democrática, pues las trampas no hacen más que desprestigiar el sistema. No sólo en Venezuela y con chanchullos descarados se atenta contra la democracia. También entre nosotros, donde campean los fundamentalistas del electoralismo, unos inquietos personajes para quienes la vida es una secuencia, casi carnavalesca, de campañas electorales. Hay elecciones que sobran, como lo está demostrando el caso del Valle. No sólo las mayorías, sondeadas por este diario, consideraron absurda la elección citada para enero próximo, sino que un gran número de alcaldes del departamento se han manifestado en contra de la idea. Lo que el Valle necesita es un alto en el camino que ha llevado al departamento a ocupar el puesto 13 y a su capital el puesto 276 en el balance de desempeño fiscal.***Qué bueno sería que los uniformados ecuatorianos -tan arrojados y audaces para dispararse entre ellos- se dedicaran a cuidar con todo el esmero posible su frontera con Colombia.

VER COMENTARIOS
Columnistas
Publicidad