Propuestas y reacciones

Agosto 08, 2011 - 12:00 a.m. Por: José Félix Escobar

Un grupo de congresistas, encabezado nada menos que por el presidente del Senado Juan Manuel Corzo, hizo una propuesta de antología: que se reviviera en Colombia la inmunidad parlamentaria. Por supuesto que no consultaron estos proponentes la triste historia de esa figura en nuestro medio, ni se detuvieron a indagar cuáles fueron las razones para que se eliminara de la Constitución de 1991.Lo primero que uno se pregunta es en qué país viven nuestros congresistas. Parece que ellos habitaran en una burbuja feliz, repleta de gajes y beneficios, privilegios y prerrogativas. Además de todas sus ventajas, quieren ahora aislarse del común de los mortales para que sus fechorías —cuando las cometan— sean suavemente decantadas por el propio cuerpo colegiado al que pertenecen.Pero no solo es válido preguntarse si estos profetas de la irresponsabilidad viven en Colombia. También es de cuestionarse si habitan en el planeta Tierra. Por toda parte se observa que las verdaderas democracias no aumentan sino que disminuyen a ritmo preocupante. La crisis del principio de la representación parlamentaria se asoma en todas las latitudes.España, como se sabe, vive desde el 15 de Mayo de este año el florecimiento de manifestaciones callejeras antisistema, en las cuales los primeros blancos de las críticas han sido los partidos y los parlamentarios. Ni para qué recordar la llamada “primavera árabe” que estremeció toda la ribera sur del Mediterráneo y alcanzó a llegar hasta el lejano Yemen. Los dictadores son el objetivo, pero no se escapan quienes dicen representar al pueblo.En Estados Unidos, la más añeja democracia del planeta, los ciudadanos se vuelcan en iracundas críticas contra el Congreso de ese país por el lamentable espectáculo de indefinición entre republicanos y demócratas, causante directo de la actual crisis económica. Argentina aún no ha superado completamente el famoso “que se vayan todos”, con el que la gente enardecida pidió —en medio de la crisis de 2001— la cabeza de gobernantes, partidos y parlamentarios.Es plenamente justa la fuerte reacción que ha suscitado la propuesta de Corzo y compañía. Pero así como la opinión pública en esta ocasión ha sido dura contra los proponentes, en el caso de la reforma a la Justicia quienes carecen de razón son los magistrados que se han apresurado a rechazar el proyecto del Gobierno.El talante de los ministros Vargas Lleras y Esguerra Portocarrero no tiene nada que ver con otras figuras políticas que, en presidencias anteriores, estrujaron a la Justicia hasta más no poder. Lo que se sabe hasta ahora de la propuesta del actual Gobierno es sano, es sensato, y la Justicia no puede convertirse en un estamento pétreo y estructuralmente refractario al cambio. En esta oportunidad la bondad de la propuesta ha superado a la reacción que ha causado.* Dicen que el estadio Pascual Guerrero ha quedado (o va a quedar) imponente. Pero se verá aún más imponente cuando se les explique a los sufridos contribuyentes en qué se fueron los ríos de dineros públicos engullidos por las reformas que se le hicieron al escenario.

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