Prioridades

Septiembre 18, 2011 - 12:00 a.m. Por: José Félix Escobar

Hace poco el socialista español Felipe González declaró —con plena razón— que el desarrollo de los programas de gobierno no era un asunto de provisión permanente de fondos, sino de fijarse unas prioridades y cumplirlas. Es decir, lo acertado es partir de la base de que los fondos públicos siempre son escasos y que es necesario distribuirlos con eficacia.Seguramente González pensaba en el movimiento de los indignados jóvenes, frustrados por la falta de empleo que llevan varios meses manifestándose en las plazas españolas para protestar contra todo. Las sociedades europeas han llegado a un punto de desborde en el gasto que obliga a recortarles a unos para abrirles campo a los otros. Y ello se debe hacer fijando prioridades.A muchos kilómetros de distancia, y desde el otro lado del espectro político, el presidente Sebastián Piñera recordaba a los estudiantes chilenos —que completan meses de protestas callejeras— que nada es gratis en la vida y que siempre alguien tiene que asumir los costos. Todos los días la realidad se encarga de dar la razón al gobernante de centro derecha. Sin duda, los estudiantes chilenos aciertan en criticar el esperpento de la universidad con ánimo de lucro, que a alguno de los genios de la economía (genios con minúsculas) le dio por proponer como la gran panacea. Pero la admonición de Piñera debe ser tomada en cuenta porque proviene de alguien que cree en las grises realidades de la vida y no en las trampas policromas de la ideología.Tanto el espacio social que demandan los jóvenes españoles, como la continuidad de la educación pública que solicitan los muchachos chilenos, deben afincarse en la realidad. Los fondos estatales son alimentados por el esfuerzo de millones de contribuyentes que esperan de la autoridad común la satisfacción de una amplia gama de necesidades. No todo puede irse a la creación de empleo, ni todo puede destinarse al financiamiento de la educación superior. Quedan la salud, la justicia, la preservación del orden público y varias áreas estratégicas más, que el Estado debe cuidar con la atención debida.Gobernar bien es priorizar. François Mitterrand lo resumió, casi con precisión cartesiana, diciendo que “una sociedad no puede existir sino se institucionaliza: las libertades no resisten a la anarquía o a la simple buena voluntad de las multitudes. Cuando una sociedad está institucionalizada, los poderes se jerarquizan: el poder político, sindical, económico, cultural, mediático… al final si se construye inteligentemente este edificio, se equilibrará por el juego de los poderes y contrapoderes”.*** Ese discurso que llevó a las autoridades municipales a limitar el uso de los automotores dejó de ser creíble. No solo porque los fabricantes de automóviles los hacen cada día menos contaminantes, sino porque la mejoría de los sistemas públicos de transporte es evidente. En el fondo el ‘pico y placa’ y embelecos parecidos sólo tratan de ocultar la incapacidad de los burócratas para construir vías en las ciudades. ¿Por qué los impuestos no se traducen en buenas vías y sí en estadios y coliseos?

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