Plebiscitos

Plebiscitos

Julio 04, 2016 - 12:00 a.m. Por: José Félix Escobar

Los de mi generación éramos unos niños cuando el 1 de diciembre de 1957 los ciudadanos colombianos fueron llamados a las urnas a votar un plebiscito. Esa convocatoria fue largamente esperada y preparada de manera cuidadosa. El general Rojas Pinilla había abandonado el poder el 10 de mayo de 1957. Las esperanzas de que liberales y conservadores hicieran un acuerdo de gobernabilidad sin violencia se incrementaron. Incluso los niños de esa época nos dimos cuenta del fervor patriótico que se apoderó del país desde que Lleras Camargo y Laureano Gómez suscribieron el pacto de Sitges, unos meses después del derrumbe de la dictadura.Los partidos políticos que antes se habían enfrentado duramente en su lucha por el poder lograron un acuerdo para introducir significativas reformas a la Constitución. Se pactó un régimen de alternancia en el poder, se otorgó el voto a la mujer y se estableció la paridad liberal – conservadora para el acceso a los cargos públicos. Las fuerzas políticas en aquella oportunidad hicieron las cosas al derecho: primero trabajaron de manera civilizada para llegar a un acuerdo de convivencia pacífica y posteriormente cuando la ciudadanía aclamaba el acuerdo se convocó el plebiscito. Los resultados del 1de diciembre de 1957 fueron contundentes en favor de la aprobación de las reformas propuestas.Cuando en el 2010 Juan Manuel Santos fue elegido presidente, dio un giro copernicano. Después de haber sido un tenaz enemigo de la insurgencia armada pasó a convertirse en promotor de un acuerdo de paz con las Farc. La proporción de las fuerzas que se encontraban enfrentadas hasta 1953 dista mucho de la enorme asimetría que existe hoy entre el Estado y las Farc. Liberales y conservadores ocupaban casi de manera total el espectro político y su enfrentamiento adquirió las características de una verdadera guerra civil. Hoy el número de efectivos de las Fuerzas Militares y de la insurgencia no tienen comparación.De manera inexplicable Juan Manuel Santos convirtió el tema en un asunto de enfrentamiento político con la oposición. En esas condiciones, ¿para qué llamar a un plebiscito? ¿Y para que diseñar una caricatura de plebiscito con un umbral de participación absolutamente precario? Sin un acuerdo político elaborado de manera previa el plebiscito no tiene ninguna razón de ser. Acudir al voto popular de manera apresurada puede traer consecuencias trágicas. Mírese no más lo que está sucediendo en Inglaterra con el catastrófico error de David Cameron.La conducción del proceso de paz por parte de Santos ha estado plagada de errores que se han traducido en sus bajos índices de popularidad. Las numerosas comitivas presidenciales y los pomposos actos que el gobierno de Santos ha organizado de manera reiterada, parecen apuntar a la satisfacción de una arraigada obsesión personal del presidente: obtener el premio Nobel de Paz. La revista ‘The Economist’, de indudable prestigio, acaba de resaltar este deseo del primer mandatario. La revista inglesa califica a Santos Calderón como “el pacifista impopular”.La búsqueda de la paz debe continuar con plebiscito o sin él. También ‘The Economist’ publicó recientemente la siguiente frase del filósofo francés Federico Bastiat: “Lo peor que le puede suceder a una buena causa no es que sea atacada cruelmente, sino que sea defendida de manera inepta”.

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