Petro no ayuda

Petro no ayuda

Octubre 29, 2012 - 12:00 a.m. Por: José Félix Escobar

En el caso de Gustavo Petro, muchas personas sufren constantes distorsiones acerca del real valor de este personaje público. Nadie puede dudar de que se trata de un individuo inteligente y preparado. Pero su grave problema radica en que no logra enchufar la bondad de sus propuestas con la sinceridad de sus intenciones. No se puede saber con facilidad si las declaraciones de Petro -o sus silencios- obedecen a decisiones de alguien con talante democrático o a actitudes de algún pendenciero extraviado. Cuando Petro se opone a la continuación de una vía, ¿está pensando en mejorar la caótica movilidad de la capital o quiere sacarse antiguos clavos? Cuando Petro pone en duda la continuidad del contrato de disposición de basuras, ¿lo hace como un llamado de atención sobre las fallas del servicio o simplemente porque quiere barajar y repartir de nuevo? Sus vagas propuestas de revivir las empresas públicas de prestación de servicios, ¿son un sincero error o se trata de un propósito avieso? Los encontrones con el ministro Vargas Lleras sobre el tema de la vivienda gratuita, ¿significan que Petro se ha dado cuenta de que continuar creciendo a la capital es un total despropósito o es un episodio más del choque de dos grandes egos? Los desentendimientos entre Petro y las autoridades nacionales y regionales deben ser tomados, además, como una demostración de que entre nosotros también ha aflorado el problema del mal reparto geográfico del poder. Como puede verse en el caso de España (con la actual reverberación nacionalista de Cataluña) o de Italia (con la presencia incólume de los radicales de la Liga Norte y su viejo sueño de crear la Padania), los problemas de la injusta distribución geográfica del poder siempre están latentes, dispuestos a hacer erupción en cualquier momento.Uno quisiera creer que las objeciones de Petro a la feria bogotana de vivienda o que su negativa a continuar dando agua a la región que circunda a la capital representan la posición de un habitante sensato que ama la ciudad donde reside; que es consciente de que no hay mayor atentado contra la calidad de vida de la gente que el crecimiento urbano descontrolado; y que entiende que toda Colombia no puede seguir pagando la factura de ese crecimiento desbordado. Abundan los ejemplos de capitales que devoraron a las ciudades en las cuales se asienta el poder político.Pero Petro -con todo y gorra- no ayuda. El Alcalde de la capital no se ha percatado de que vive en un mundo mediático, en el cual las figuras públicas deben registrar bien, lucir bien, pronunciar y modular bien; deben hacer creíbles los mensajes que envían. No es un invento de los opositores ni un devaneo de cronistas sociales: es la dura realidad de esta época. Pocos mandatarios pueden hoy mantenerse en el primer plano siendo descachalandrados y uno de ellos es el presidente de Uruguay; a quien su país le agradece antiguas tomas de posición frente a los dictadores y está dispuesto a sostenerlo sin reparar en su desaliño.Diego Martínez lo dijo con acierto: nadie puede tener buena imagen si tiene mala facha.

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