Perplejidad general

Marzo 30, 2015 - 12:00 a.m. Por: José Félix Escobar

Perplejidad es confusión. Cada día resulta más complejo de entender el clima de agitación que se ha creado en torno a la posibilidad de que se desmovilicen los insurgentes, cuyas actuaciones han llevado dolor y tragedia a tantos rincones del país. Ni siquiera la perspectiva de que retorne la paz ha serenado los ánimos. ¿De qué manera los estamentos mayoritarios del país pueden lograr una paz sólida si entre ellos se mantiene una constante tensión y una confrontación que a ratos parece interminable?La paz es de todos en general y de nadie en particular. Partiendo de esta premisa carece de razón el presidente Santos cuando quiere aparecer ante propios y extraños como el ‘dueño’ de la paz. El hecho de que la Constitución Nacional atribuya al Presidente de la República la facultad de “conservar en todo el territorio el orden público y restablecerlo donde fuere turbado” tiene que entenderse más como una obligación que como un derecho. Eso de asegurar casi enardecido que la paz es “su” responsabilidad (y casi que de nadie más) puede verse como un nada aconsejable ejercicio del gobierno en primera persona del singular, tan típico de los gobernantes autoritarios de todas las latitudes.Puede haber sido cosa de las tensiones del momento la casi chabacana invitación presidencial al Procurador para que no se “metiera” en los asuntos de la paz. Que no lo haga en esa forma tan poco republicana, pero sí es aconsejable que el Presidente Santos recuerde a todos los funcionarios de control (incluido por supuesto el Procurador) que no está dentro de sus funciones la de crear opinión pública. Como tampoco es labor del alcalde de Bogotá bombardear a los medios con postulados ideológicos.Se está convirtiendo en costumbre (y por cierto perniciosa) que los altos funcionarios acudan a los medios a expresar sus opiniones sobre este o aquél tópico. La posibilidad de lanzar ideas y propuestas sobre la marcha del Estado es atribución del Presidente y sus ministros –en la rama Ejecutiva– y de los congresistas –como encarnación de la rama legislativa–. Son ellos los actores del debate político, caracterizado porque unos partidos proponen unas tesis de gobierno y otras formaciones políticas las controvierten.El Procurador es un jurista de vasta trayectoria y de sólida reputación. Si sus opiniones y conceptos jurídicos tienen como destinatario al Presidente de la República, debe hacer lo que hace pocas semanas hizo: solicitar audiencia ante el jefe de Estado y exponer allí, en esa reunión, las reservas que las decisiones del Presidente susciten en la Procuraduría. Pero no le es dado al jefe del organismo de control disciplinario acudir al debate público. No es que se le quiera callar, como en alguna ocasión el Dr. Ordóñez dijo. Lo que se desea es que sus posiciones y opiniones personales no salten a la escena pública. Solo las decisiones que en derecho tome la Procuraduría, dentro de la órbita de sus funciones, deben recibir la apropiada publicidad.La paz ha tomado cuerpo en Colombia y ya se la ve como una meta alcanzable. No es fácil eliminar un anómalo estado de cosas que creció por más de 50 años. La paz nos concierne a todos y todos debemos entender que en estas materias tan álgidas “se hace camino al andar”. Ensayo y error permanente. Todos tenemos que acercarnos a este tema con serenidad, tanto los que la pierden como los que la piden.

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