Paradojas

Paradojas

Marzo 31, 2014 - 12:00 a.m. Por: José Félix Escobar

Vivimos entre contradicciones y paradojas. Mientras los Estados Unidos y Cuba establecen canales diplomáticos estables con miras a ir edificando la sociedad poscastrista, Cuba fomenta hasta los límites de lo impensable la inestabilidad en Venezuela, con su apoyo constante y secreto a la dictadura chavista. Los fines perseguidos difieren: Estados Unidos apuesta por una democratización gota a gota en Cuba, que recomponga con pequeñas dosis de soluciones de mercado la maltrecha economía del país. La democratización política por ahora no parece prioritaria, porque el temor concreto de los norteamericanos radica en que un colapso de la economía cubana active una nueva ola de inmigración masiva, como la que saturó el sur de la Florida en 1980, proveniente del puerto de Mariel.Los Castro, por su parte, necesitan petróleo de manera urgente. Todos los aparatos productivos -así sean tan esmirriados como el de Cuba- requieren de hidrocarburos para sobrevivir. Y gracias a un enroque político de envergadura, Cuba encontró petróleo abundante y casi regalado en Venezuela. Por regla general los dictadores son unos fantoches que, como en la conocida canción, terminan de palomas por querer ser gavilanes. Cambian una dependencia por otra, en medio de parafernalias retóricas donde al nuevo sojuzgamiento se le denomina libertad. Chávez y sus seguidores, por alejarse de los Estados Unidos, quedaron enredados en la poderosa tela de araña que les hilvanaron los cubanos. A estos, muy probablemente, Maduro y su carnavalesco entorno les importan un comino. Pero lo que no están dispuestos a soltar es el petróleo. ¿Que a la oposición venezolana los chavistas la tratan a las patadas? Eso mismo ha hecho el castrismo desde hace más de medio siglo con sus disidentes. Y por curiosa paradoja, los países de América Latina (que se denominan a sí mismos naciones democráticas) se han convertido en un vergonzoso coro de celestinas ante la interminable cadena de abusos de Maduro y sus secuaces. Este doblamiento de cerviz no extraña en el caso de las autoridades que manejan las relaciones exteriores de Colombia. Nuestra cancillería protesta por la situación de la lejana Ucrania, pero en relación con el ogro de al lado, solamente silencio, palmaditas en el hombro y buenos consejos.Nuestra capital, sin duda, es la campeona mundial de la paradoja. Reseñan los medios que una empresa constructora pagó por un lote en el norte de Bogotá $13.400.000 por cada metro cuadrado. ¿Qué tipo de desarrollo se puede ejecutar ahí? ¿Acaso las oficinas de alguno de los rimbombantes miembros de la Bogotá saudita? ¿O, como de costumbre, la sede de una opulenta agencia del Estado? La cruel paradoja es que con el valor de 3 de esos metros cuadrados se puede construir una solución de vivienda en la martirizada Buenaventura. ¿Les importará esto a los hijos de la Clínica Marly?***Dos estudios recientes se entrelazan en sus conclusiones. Por un lado el Banco Mundial señaló que Colombia presenta un retraso de 15 años en conectividad vial. De otra parte un análisis sobre la política en la Costa Norte indica que de los presupuestos para obras públicas el 53% se evapora en toda clase de tropelías, quedando solo un 47% para invertir físicamente en las obras. ¿Cómo no va a existir atraso en infraestructura si los dineros públicos se quedan en manos de los avivatos de siempre?

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