Palabras y obras

Enero 06, 2014 - 12:00 a.m. Por: José Félix Escobar

Puede decirse que hay dos formas principales de hacer diplomacia: con retórica y con hechos. Y, por supuesto, mezclas de ambos conceptos. Las cancillerías capitalinas han optado en nuestro país por la diplomacia de las palabras, bien sea habladas (declaraciones altisonantes), bien sea escritas (largos, doctos y pulidos memoriales de agravios). Así se perdió Panamá, de esa forma se fueron Los Monjes, de esa manera Colombia se olvidó de sus derechos de tránsito por el canal de Panamá. Y así, en medio de océanos de palabras, Colombia recibió el fallo internacional que le quitó 75.000 kilómetros cuadrados de mar Caribe para anexarlos a una satrapía centroamericana.Siempre ha faltado al centralismo fundarse en hechos de posesión efectiva del territorio para proclamar, después, la soberanía. Aquí el proceso fue al contrario: sobre los viejos mapas que dejó la Corona española los eruditos del altiplano resolvieron establecer hasta donde llegaba la gran finca. Y si el finquero de al lado protestaba o reclamaba algo, esos eruditos le entregaban grandes porciones de “selvas inhóspitas”, “mares insalubres” o la despectivamente llamada “tierra caliente”. Con tal de que la venerada Sabana quedara intacta, todo valía.Es una vergüenza saber que el primer líder del altiplano que se preocupó de veras por adentrarse en las selvas del oriente del país fue el general Rafael Reyes, casi al final del Siglo XIX. Una de las más poderosas razones para entender por qué Colombia ha mantenido un conflicto interno durante tanto tiempo está, precisamente, en el abandono tradicional de las zonas de periferia por parte de las estructuras centralistas. Dejadas a su suerte, cualquier poder de facto se establece en ellas.Qué diferente es el resto del mundo. China y Japón se han mostrado los dientes en disputa por la soberanía sobre unas pequeñas islas ubicadas entre ambos países. Muy pocas palabras y amplia muestra de determinación en la imposición de sus respectivos puntos de vista. El hecho crea el derecho y los sobrevuelos de aviones de combate se suceden unos a otros. No faltan, por supuesto, las diplomacias mixtas: muchos hechos y muchas palabras. El liderazgo se lo lleva, sin duda, el régimen de Corea del Norte. No obstante la pobreza generalizada de la población, el régimen mantiene un ejército muy poderoso que permite a su líder, el rechoncho Kim Jong Un, amenazar a diestra y siniestra. Ha llegado incluso a advertir a los Estados Unidos sobre terribles males en caso de que lo ataquen. Sin embargo, a finales del año pasado Kim llegó a la conclusión de que el Tío Sam era un hueso muy duro de roer y optó por ejecutar a su tío carnal por alegados hechos de corrupción.***Pobre Churchill. Siempre con un whisky encima condujo a Europa a la victoria. Pero si viniera hoy a Colombia, lo arrestarían por conducir un carro media cuadra. Ojo con el avance de los fanatismos. Una cerveza o una copa de vino no le hacen daño a nadie normal. Pero les caen muy bien a los inquisidores viales, que deben estar frotándose las manos ante semejante cosecha de multas.

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