Desarrollo armónico

Agosto 06, 2012 - 12:00 a.m. Por: José Félix Escobar

El estado colombiano tiene por misión buscar el desarrollo armónico de sus distintas regiones. Pero la realidad demuestra que hay unas secciones del país que —fundadas en su importancia económica o en su trascendencia— se han escapado del régimen estándar de distribución de competencias y recursos.En otras palabras, Bogotá y Antioquia toman cada día mayores recursos de la Nación, a través de muy diversos caminos: asunción nacional de deudas regionales, permiso a entidades locales para explotar el mercado nacional, créditos locales avalados por la Nación, etc. Lo que lleva a que departamentos de formato clásico, como el Valle del Cauca, siempre aparezcan con sus cuentas en rojo y con déficits alarmantes.¿En el suroccidente del país a dónde traen a un enfermo grave? Al Hospital Departamental del Valle. ¿Dónde termina la gente desplazada de la región Pacífica? En las laderas de Cali o en los cambuches de Buenaventura. ¿Quién corrige las falencias en cobertura de educación o salud en esta vasta región? Cali y el Valle.La principal fuente de desequilibrio regional ocurrió a mediados de los años noventa, cuando el monopolio nacional de telecomunicaciones fue abolido, y el negocio se entregó a dos municipios, Bogotá y Medellín. A partir de entonces solo esas dos ciudades (con el antifaz de sus empresas descentralizadas) han colonizado el mercado nacional, sin que nadie ponga remedio a esta irregularidad estructural.Las porciones de Bogotá y Medellín en la torta nacional son enormes. Bogotá siempre esgrime su condición de capital para exagerar hasta el límite los costos de transacción, lo que conduce a situaciones como la actual: no obstante haber sido anunciado hace un año, el reparto de las regalías no llega aún a las regiones.La decisión anda enredada en esa jungla de asesores, investigadores y expertos en producir conceptos que florece en Bogotá, exprimiendo los presupuestos y logrando que muy buena parte se quede en la capital. Medellín, por su parte, no podría explicar su actual bonanza si la enorme deuda que dejó la construcción del Metro no nos hubiera sido endosada a todos los colombianos.Cali y el Valle deben reclamar su condición como destinos prioritarios de la inversión nacional. Si somos el 10% del país, que se nos explique dónde están los 4 billones que nos deben corresponder dentro del presupuesto de 40 billones que anuncia la Nación. Si tenemos sobre nuestras espaldas grandes cargas nacionales, que se nos dé el equivalente a un billón de pesos, pues la Nación contribuyó generosamente con 10 billones de pesos a la financiación de un proyecto fundamentalmente antioqueño, conocido como Autopistas de la Montaña. Si estuviéramos en la senda del desarrollo armónico, las deudas de Emcali serían nacionalizadas de inmediato, la situación de nuestro gran hospital regional tendría que ser solucionada por la Nación, y desde Cali, con fondos nacionales, debería acometerse la salvación de la región Pacífica. Es apenas de justicia que nos den un trato similar al que reciben Bogotá como capital del país y el departamento de Antioquia.

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