Norma y palabra

Diciembre 19, 2016 - 12:00 a.m. Por: José Félix Escobar

Varios años llevan las autoridades anunciando la prohibición del uso generalizado de la pólvora. Los daños, muchos de ellos irreparables, que produce esta actividad son bien conocidos. Los casos más dramáticos son los que afectan a los niños, marcándolos de por vida y en ocasiones causándoles la muerte. El uso indiscriminado de la pólvora no es legal, pero en cuanto festejo o celebración se producen en Colombia los ciudadanos hacen caso omiso de la prohibición y entran de lleno al mundo de los estruendos y las quemaduras.Desde hace lustros las autoridades de nuestro país anuncian que la minería depredadora está rigurosamente prohibida. Pero, aunque este tipo de minería no es legal, en todos los lugares de la geografía se reportan casos de extracción indebida de minerales. Parecen tomadas de un relato de García Márquez las escenas en las cuales en medio de la selva aparecen gigantescas dragas y poderosas retroexcavadoras. ¿Quién las llevo allí? ¿Por qué nadie las vio mientras las trasladaban?Las autoridades han dedicado varios años a la lucha contra la criminal conducta de mezclar embriaguez y conducción de vehículos. Se han logrado importantes avances pero aún, y de manera inexplicable, los medios dan a conocer graves casos de manejo de automotores por parte de personas intoxicadas. El reciente safari de un conductor por las calles de Bogotá, con 19 automóviles estrellados, se une a la noticia de que el violador Rafael Uribe Noguera conducía su camioneta sin licencia válida. Los ciudadanos no cumplen las normas y las autoridades no ejercen su control de manera debida.En la base de los problemas que aquejan a la nación colombiana se encuentra, a no dudarlo, un amplio y extendido desconocimiento de las normas. Da la impresión de que ni en las familias ni en las escuelas se enseña a los niños algo tan sencillo como cumplir horarios, respetar prohibiciones y construir valores. Saltarse un puesto en la fila, entrar a la brava a los sistemas de transporte masivo, irrespetar a los mayores y aprovecharse de los niños son acciones que merecen toda reprobación. De nada sirve mejorar en las pruebas Pisa si no se estructura la conducta social de los colombianos.Otro aspecto que para muchos parece elemental e inocuo decirlo, es el respeto a la palabra empeñada. Desde la más tierna infancia los niños tienen que ser educados en la observancia de sus propias promesas, lo cual supone que debe formárseles para prometer solo lo que razonablemente puedan cumplir. El respeto a lo prometido es el fundamento de los pactos y contratos que durante toda la vida de las personas marcarán su conducta. El tema es de tanta importancia que el premio Nobel de Economía 2016 ha sido otorgado a dos académicos norteamericanos por sus estudios sobre la Teoría de los Contratos.Nuestro actual proceso de paz ha sido un descorazonador muestrario de incumplimientos, promesas fallidas, palabras irrespetadas y ánimo constante de buscar el esguince. Desde un principio se dijo que el objeto del proceso era lograr que la insurgencia dejara las armas y comenzara a hacer política. Y siempre se exigió la liberación de todos los menores de edad que estuvieran en las filas de la guerrilla. Hoy ni se han entregado las armas ni se ha liberado a los menores y ya los insurgentes comenzaron a hacer política. ¿Y el Presidente Santos cuándo regresa a gobernar?

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