No son errores

Enero 30, 2017 - 12:00 a.m. Por: José Félix Escobar

Un alto ejecutivo de la brasileña Odebrecht dio recientes declaraciones en las cuales lamentaba los errores cometidos por la corporación y prometía que pronto esa empresa volvería a ser una constructora eficiente y confiable. Qué pena con el dirigente de Odebrecht, pero lo realizado por esa compañía no son ‘errores’ sino conductas claramente delictivas. Repartir sobornos por más de 700 millones de dólares en doce países de dos continentes no son simples equivocaciones. Estamos frente a una cadena de delitos fríamente calculada para obtener la adjudicación de numerosas obras públicas.Lo lastimoso es que hubiera sido de nuevo la justicia norteamericana la que destapó el escándalo, tal como pasó hace un par de años con los robos de los dirigentes de la Fifa. Tan pronto se conoció la noticia saltaron por todas partes los vigilantes que antes nada vieron, los inspectores que antes nada descubrieron y desde luego legiones de políticos y políticas en trance de moralistas, y en vísperas de elecciones.Colombia, a decir verdad, participó poco en el festival de sobornos organizado por la empresa brasileña. Pero lo conocido hasta ahora es de suma gravedad. Han coincidido distintos factores causantes de una gran zozobra entre los ciudadanos. La reforma tributaria votada casi a las carreras por el Congreso generó mucho malestar entre los contribuyentes, como han tenido ellos la oportunidad de expresarlo en cuanto medio está a su alcance.La respetada voz del presidente de la Bolsa de Valores de Colombia expresó hace pocos días la preocupación del sector productivo del país por la razón de que se pagan enormes impuestos, volatilizados después en los vericuetos de la corrupción. En igual sentido se han pronunciado prácticamente todas las fuerzas vivas de la nación. Se está llegando a un peligroso grado de deslegitimación democrática, situación que en otros países abre las puertas a los populismos de izquierda y de derecha. Qué bueno sería que el presidente Santos dejara tantos viajes y celebraciones para concentrarse en lo delicado de este momento.Pero Colombia no puede dejar de construir grandes obras de infraestructura. El progreso del país no lo permite. La purificación de los procedimientos licitatorios no se logra, desde luego, con referendos o consultas populares de abierto carácter mediático. Hay que ubicar los puntos en los cuales está haciendo agua la contratación pública. Un buen avance es la propuesta de instaurar pliegos únicos, con el fin de eliminar la vieja costumbre de formular pliegos a la medida de un solo oferente.Sería interesante disponer que en todos los casos en que se declare la urgencia manifiesta, el contrato necesite la aprobación expresa de la autoridad política del nivel nacional o territorial correspondiente. Y todo parece indicar que llegó la hora de establecer un ente oficial dedicado a la interventoría de las obras públicas, porque las labores de este tipo adelantadas por muchas firmas privadas han demostrado su franca inoperancia.La adecuada gestión de los recursos públicos depende en muchas ocasiones de medidas que el sentido común aconseja. En un reciente informe de labores la Industria de Licores del Valle mostró un acelerado crecimiento en las ventas en el ejercicio de 2016. El milagro lo produjo algo tan sencillo como exigir que los productos se paguen por adelantado.

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