No al simplismo

Agosto 19, 2013 - 12:00 a.m. Por: José Félix Escobar

Ante la avalancha de las conductas antisociales que asombran y sorprenden a nuestro país, la tentación de dar soluciones simplistas es grande. ¿Que hay cosecha de conductores borrachos? Métanlos a todos a las cárceles. ¿Que una mujer acusa a un hombre de violencia intrafamiliar? Guarden al implicado en la cárcel hasta que se aclare si se trata de un delito o de un chisme. ¿Que hay cientos de menores ya criminalizados deambulando por las calles de nuestras ciudades? A llevarlos a todos a reclusorios, así carezcan de las más mínimas condiciones de salubridad y seguridad.Parafraseando la conocida frase de una canción, “no hay cárcel para tanta gente”. No debe existir en Colombia un funcionario público más preocupado que el general Ricaurte, director del Inpec, a quien todo el mundo le exige resultados. ¿Pero qué puede hacer el general? Nuestro sistema penitenciario cuenta con 142 cárceles, con capacidad para 76.000 reclusos, aunque hoy se hacinan en ellas 116.000 personas. A los simplistas cabe preguntarles: ¿Dónde se acomoda un preso más?Es también una creencia simplista ubicar en la Justicia o en la Policía la responsabilidad por lo que está pasando. El Inpec es un Establecimiento Público del Orden Nacional adscrito al Ministerio de Justicia y del Derecho, es decir, pertenece a la rama ejecutiva del poder público. Si no hay más cárceles, ni los jueces ni los policías tienen responsabilidad. El culpable de siempre es el poder ejecutivo, ese pésimo administrador que por un lado despilfarra y por el otro escatima.Pero allí, en la febril construcción de nuevas prisiones, tampoco puede estar la solución. Las conductas antisociales son adquiridas por enormes fallas en la educación y en el comportamiento de las personas. Es constante escuchar la opinión de los expertos en el sentido de que es mucho más económico educar que castigar; y que sale siempre más barato reintegrar a los extraviados que combatirlos con toda la parafernalia bélica del caso. Como se suele decir, siempre volvemos al mismo llanito: hay que educar, educar y educar.No se recuerda un caso de modificación global de las costumbres igual al de la proscripción social del uso del tabaco. Cuando se bucea en la historia del cine, siempre aparece la imagen del icónico actor Humphrey Bogart, armado con un perenne cigarrillo, bien en la boca, bien en la mano. Bogart, por supuesto, murió de cáncer de esófago en 1957. Este y mil ejemplos más comenzaron a ser profusamente divulgados hasta lograr convencer a la gente joven de que fumar mata. Sin cárceles para los fumadores; solo con la persistencia de una campaña que utilizó todas las ventajas de los medios modernos hasta lograr su objetivo.Con menos dinero del que el país puede gastarse en nuevas cárceles, las autoridades deberían adelantar vastas campañas en los medios para demostrarle al conductor que manejar borracho es una estupidez que puede costar vidas; para enseñar al miembro de la pareja que usar la violencia destruye los hogares; y para encauzar a los jóvenes por el camino del trabajo sano. Vale la pena intentarlo.

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