Lleras y el Estado

Lleras y el Estado

Abril 28, 2014 - 12:00 a.m. Por: José Félix Escobar

Vivir para ver. O para escuchar. En un trancón de los que ocurren en nuestras calles me tocó oír a Gustavo Petro exaltar por radio, no una sino varias veces, la figura histórica del expresidente Carlos Lleras Restrepo. No vaciló en calificarlo como el mejor presidente del Siglo XX, apreciación en la que muchos coincidimos. Un momento. ¿Un exintegrante del M-19 haciendo un elogio de Carlos Lleras? ¿Acaso esa guerrilla no se creó como protesta ante un acto de autoridad del expresidente?Gustavo Petro cumplió 10 años de edad el mismo día en que los rojaspinillistas rechazaron el triunfo electoral de Misael Pastrana en las elecciones presidenciales del 19 de abril de 1970. Y en la noche de su cumpleaños número 10, el niño Gustavo Petro debió darse cuenta de que el presidente Carlos Lleras, ejerciendo su autoridad de jefe de Estado, envió a dormir a todos los colombianos porque la jarana y los disturbios tenían que terminar de inmediato.¿Tiene nostalgias Petro de lo que es un jefe de Estado con conciencia de la autoridad? Pues en su caso personal, en la insurrección institucional que ha formado desde diciembre de 2013, lo que sí ha faltado es un jefe de Estado que desde el comienzo le hubiera hecho saber al levantisco alcalde de la capital que en la estructura estatal colombiana el alcalde de Bogotá no es un reyezuelo revestido exclusivamente de derechos, sino un funcionario subordinado, con múltiples deberes.Resulta que por obra y gracia de la reeleccionitis colombiana, nuestro actual Jefe de Estado viene desde hace meses buscando una nueva presidencia. El Carlos Lleras Restrepo que tanto admira Gustavo Petro no hubiera dudado en dar desde el principio un claro espaldarazo a la decisión del procurador Ordóñez, quien después de una larga investigación con pleno cumplimiento de las garantías procesales, resolvió que las faltas administrativas del alcalde de Bogotá eran graves y ameritaban la sanción que se le impuso.El expresidente Lleras Restrepo no hubiera vacilado en hacer al insurrecto alcalde las advertencias de rigor para que abandonara su actitud populachera de rechazo a las autoridades instituidas. Cómo se nota el contraste entre el trato que el poder central dio al gobernador Kiko Gómez de La Guajira -un cacique acusado de toda clase de vagabunderías- a quien lo llevaron rápidamente preso a la capital antes de que sus partidarios formaran asonadas, y las esperas reiteradas que se han dado a Petro para que se aplaque. Por supuesto que en juego está el apetecido caudal electoral de Bogotá. Petro lo sabe y no solo no se aplaca sino que continúa en su insurrección institucional.Nos aventuramos a afirmar que el mayor responsable del vergonzoso desajuste que desde diciembre del año pasado se viene presentando en la capital, es el jefe del Estado. A diferencia de lo que tantas veces hizo Carlos Lleras, el presidente Santos ha dudado y parpadeado en no se sabe cuántas ocasiones. Lo que puede llevar a concluir que en este caso, sin duda, lo grave del problema no estaba en los párpados sino en las dudas y parpadeos ante los problemas graves.***Nuestra generación no aprendió a leer en las obras de Gabriel García Márquez. Hubo muchas lecturas antes de caer maravillados ante la prosa de ‘Cien años de soledad’. Por eso siempre hemos distinguido entre el excelente escritor y un personaje lleno de contradicciones y paradojas.

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