Las sillas

Diciembre 13, 2010 - 12:00 a.m. Por: José Félix Escobar

Son muchos los sucesos cuyas protagonistas son las sillas. Bien porque permanezcan vacías, como en la reciente entrega del Nobel de Paz, bien porque las ocupe quien no debe, como en los interminables ejemplos de usurpaciones y defenestraciones que registra la historia. Pero no todos los casos pueden ser juzgados con el mismo criterio.‘Tirofijo’ no asistió a la instalación del proceso de paz que con tan buenas intenciones emprendió el ex Presidente Pastrana. Ningún poder concreto se lo impedía. Fue su afilada malicia indígena la que lo llevó a sospechar sin fundamento de algo o de alguien. No en vano se sobrevive en la selva durante tantos años, con un ideario totalmente desueto y ganándose la enemistad manifiesta de todo un país.En la reciente ceremonia de entrega del premio Nobel de Paz, el ganador Liu Xiaobo no pudo asistir porque el gobierno chino se lo impidió. Curiosamente, hace 74 años otro gobierno autoritario —el régimen nazi— prohibió a un pacifista de la época desplazarse a recoger su premio. Primera silla vacía en la historia del Nobel.La conclusión que se cae de su peso es que solamente existen dos clases de regímenes políticos: los dictatoriales y los democráticos. Esa pretenciosa diferenciación entre izquierda y derecha sólo se da en la mente de los ideólogos, a pesar de los esfuerzos del italiano Norberto Bobbio por mantener viva la distinción.Si Bobbio viviera, ¿cómo explicaría los vergonzosos casos de sucesión dinástica presenciados en las dictaduras cubana y norcoreana? ¿No dizque las prácticas monárquicas eran típicas de la derecha? Y el maestro Bobbio, ¿dónde encuadraría regímenes tan atípicos como la Libia de Gaddafi o el supuesto socialismo bolivariano del vecino Chávez? En realidad no existen más que dos tipos de sistemas: la democracia y la dictadura. Entendiendo que el capitalismo es el único método económico operante, no es la búsqueda de un ideal teórico lo que imprime carácter a los sistemas políticos. Es el ejercicio cotidiano del poder lo que define un régimen: si se permite el disenso hay una democracia; si se acalla la oposición, existe dictadura.No cabe duda en cuanto a los ribetes dictatoriales del gobierno de China. Pero es imperioso reconocer que ningún otro país del mundo ha acometido un cambio social y económico de la magnitud del que se inició con el mandato de Deng Xiaoping. Los chinos han sacado de la pobreza a 400 millones de personas en 30 años. Todos sus índices de calidad de vida han mejorado de manera sustancial y los progresos sociales no se detienen.Sus líderes son intolerantes frente al ejercicio de los derechos políticos de los ciudadanos. Nadie puede desconocer que las autoridades tienen justos temores de que la ideologización política pueda hacer estallar al país. Hace menos de un siglo China se desangró en medio de espantosas guerras civiles y esa pesadilla aún no ha desaparecido. El premio al disidente Xiaobo, que tanto molestó a los chinos, no les impedirá que a su ritmo se dirijan hacia la construcción de una sociedad mucho más abierta. Un país tan grande no cambia fácilmente.

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