Las naciones están vivas

Julio 07, 2014 - 12:00 a.m. Por: José Félix Escobar

El cosmopolitismo es un sueño más o menos vano, pues la realidad concreta es la contraria: nacemos localizados, somos de alguna parte. Hay una latitud que nos hace sentir cómodos, y un grupo humano con el cual nos sintonizamos por sobre todos los demás. Existen recuerdos que unen y propósitos que aglutinan. En palabras del poeta brasileño Vinicius de Moraes: “es un problema de lugar, nadie puede ser universal fuera de su sitio. La palabra ‘telúrica’ no es una mera abstracción”.Las tres semanas de júbilo que ha vivido Colombia con motivo del Mundial de Fútbol nos hacen concluir que el éxito de ese certamen radica en que se trata de una competencia de naciones. Contrariando a los oficiantes de lo “global”, las naciones están vivas. Solo que en esta etapa de la civilización las naciones ya no miden sus fuerzas en los campos de batalla sino en los estadios y coliseos deportivos.Se trata sin duda de un enorme progreso en la historia de la humanidad, ocurrido precisamente después de las hecatombes del siglo XX. Tras la comprobación del devastador poder de las bombas atómicas, científicos del comportamiento como Konrad Lorenz abogaron por la implementación inmediata de conductas que “ritualizaran” la agresión, entendiendo que este instinto es consustancial a la especie humana y que no hay que destruirlo sino encauzarlo. El deporte es el máximo ejemplo.En 1914 el enfrentamiento entre Francia y Alemania dio inicio a la Primera Guerra Mundial y se liquidó cuatro años después con un saldo de 10 millones de muertos. Hoy sus selecciones de fútbol se enfrentan en Brasil entre el júbilo de sus seguidores, y el partido da como vencedor a Alemania, sin que ello implique deshonor para los vencidos. Las naciones están vivas y gracias a Dios sus contiendas actuales son meramente deportivas.Por ello tonterías como la “justicia universal” carecen de sentido. Ese extraño invento del juez español Baltasar Garzón saltaba por encima de las fronteras nacionales para tratar de imponer la justicia de un solo país a los demás. Garzón, por supuesto, fue apartado de la jurisdicción y terminó en la política. Y su invento encalló cuando a otro juez español le dio por ordenar la detención del primer ministro chino, acusado de atropellos contra los tibetanos. Ante semejante desproporción al estado español le tocó presentar toda clase de excusas al gigante asiático.Gratos recuerdos dejará en la memoria de los colombianos este Mundial de Fútbol. Hizo soñar juntos a 47 millones de compatriotas y quizás sirva de acicate para que nuestra nación siga buscando la manera de vivir en paz.* * * Parece que el presidente Santos aún continúa en estado de abanto, como los toros cuando apenas saltan al ruedo. Sus últimas semanas demuestran que lo que mejor le va a nuestro mandatario es la pasarela internacional, viajando aquí y allá, moviéndose entre sus pares o entre quienes lo fueron. ¿Cuánto costó el encuentro de la Tercera Vía en Cartagena, para refrescar una idea política trasnochada y casi sin vigencia en el mundo? ¿Y cuánto dinero de los contribuyentes se gastó en el viaje de la comitiva presidencial a presenciar la derrota de la selección de fútbol en Fortaleza? ¿Habrá alguien en su entorno que le recuerde al presidente que la fortaleza de los gobernantes se centra –no en la incesante presencia en los medios– sino en la labor gubernamental efectiva?

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