La pasión del poder

La pasión del poder

Noviembre 01, 2010 - 12:00 a.m. Por: José Félix Escobar

Dicen que a partir de 1930 los argentinos resolvieron manejar su país, no a partir de decisiones razonables y serenas, sino con los bandazos propios de las emociones viscerales. De hecho hasta ese año Argentina figuraba como uno de los países más ricos del mundo. Pero con la seguidilla de golpes de estado que se inició en 1930, la gran riqueza se fue diluyendo y el clima social se pervirtió hasta extremos muy nocivos. Sólo la mano dura del general Juan Domingo Perón logró traer algo de estabilidad, pero de esa especie de califato que Perón instauró no han logrado zafarse aún los argentinos.El siglo XXI recibió al país austral con la mayor crisis económica de su historia. Los pagos externos se suspendieron, los depósitos bancarios se congelaron y se esfumaron las pensiones. Todos los sectores sociales explotaron. Los lemas y gritos callejeros expresaron el repudio general a la clase política: “Que se vayan todos”. Y es aquí cuando entra en escena un político venido del sur, escaso de sangre latina en sus venas, en apariencia frío y comprobadamente eficaz: Néstor Kirchner.Surgido de las entrañas del justicialismo, Kirchner fue escalando posiciones con calma. Su trinchera fue la gobernación de su natal Santa Cruz, provincia donde sin duda produjo excelentes resultados. En 2003 accedió a la presidencia de su país, con el aura favorable de no haber sido uno de los autores de la gran crisis. Pero se produjo una gran transformación: lo abrasó la pasión del poder. De aquel frío político patagónico a quien sus contemporáneos llamaron “el pingüino”, sólo quedó el recuerdo. No se puede desconocer que en cosa de 2 o 3 años, y aplicando recetas brotadas del sentido común, enderezó la marcha económica del país. Pero en lo político e institucional, su figura y su influencia fueron gravemente perturbadoras. Kirchner entendió el ejercicio del poder como una pugna constante contra todo aquél que se interpusiera en su camino. Coqueteó abierta y descaradamente con las fuerzas más populistas de su país y, fundamentado en esos apoyos, dio porrazos a diestra y siniestra. Su enriquecimiento personal fue obsceno y algunos críticos llegaron a compararlo con el legendario rey Midas. Sus intentos por controlarlo todo lo fueron colocando en la antesala de la dictadura. Kirchner encontró en su esposa Cristina la cómplice ideal en el proyecto de perpetuarse en el poder, un intento antidemocrático que bautizaron en el Río de la Plata como el “pingüinato”. Solo o en connivencia con ella, Kirchner confrontó a la justicia, se mofó de la tridivisión del poder, atacó con saña a los periodistas de la oposición, golpeó deliberada y cruelmente al grupo Clarín y, como grand finale, trató de arrebatar a la prensa democrática la única fábrica de papel periódico existente en la Argentina.No obstante las advertencias de los médicos, Néstor Kirchner continuó hasta su muerte en su desenfrenada pulsión por el poder. Que las razones de las muchedumbres son a veces insondables, se comprueba con el emocionado adiós que acaba de dar Argentina el ex presidente Kirchner.

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