La opresión

La opresión

Febrero 03, 2014 - 12:00 a.m. Por: José Félix Escobar

Los pueblos que la han sufrido la detectan a tiempo y luchan por no volver a caer bajo su peso. La colonización de Norteamérica se hizo por personas que huían de las barreras que la Corona británica colocaba para oprimir a la gente. La realidad indica que los reyes ingleses cedieron a las protestas democráticas mucho antes que los gobernantes del resto de Europa, pero, cada que podían, intentaban ‘aconductar’ a la población.Las instituciones propias de la democracia moderna (la libertad de expresión, por sobre todas) nacieron y crecieron en Estados Unidos antes que en la antigua Iberoamérica. Entre nosotros hubo un salto al vacío: del cerrado despotismo de Fernando VII se pasó -Bolívar y San Martín de por medio- a un jacobinismo extremo. El Siglo XIX y buena parte del XX fueron de ajustes entre las dos tendencias, por lo que podría esperarse que después de tanto tiempo ya las democracias en América Latina hubieran alcanzado su grado de madurez.Pero no. Los despotismos han adquirido expresiones ‘light’ en Venezuela, en Argentina, en Bolivia, en Ecuador, en Nicaragua. No existen, es verdad, grandes masacres orquestadas desde el poder y los opositores ya no son arrojados al mar. Pero ello no oculta las orejas del lobo dictatorial. Es propio de regímenes opresivos desatar persecuciones contra la prensa libre: se sabe que uno de los más grandes frenos contra los abusos del poder son los medios de comunicación.Es inconcebible que el régimen chavista continúe su carrera de eliminación de cualquier expresión adversa. No contentos con haber clausurado radios y emisoras de televisión con el argumento de que sus licencias no habían sido renovadas; o, como en el caso de Globovisión, penetrando en el capital de la empresa para imponer desde adentro una línea de opinión afín al gobierno; o dirigiendo la pauta oficial solo hacia los medios genuflexos; se ha llegado ahora a no suministrar las divisas requeridas por los medios impresos para adquirir el papel periódico, que es su insumo esencial.Un reciente comunicado de Andiarios sentó la necesaria protesta. A los ciudadanos venezolanos no hay quien les informe con independencia sobre las grandes carencias por las que atraviesan, fruto de las idioteces gubernamentales y no del complot que creen ver Maduro y sus secuaces. Decir que hay enorme hacinamiento en las cárceles o que la criminalidad callejera está desbordada o que los bandazos de la economía no hacen más que alejar a los inversionistas o que muchos quieren irse de Venezuela pero no hay cupos en las aerolíneas; decir todo esto es ser enemigo del régimen y por lo tanto sujeto de acallamiento inmediato.Como el mal ejemplo cunde, el gobierno de Correa en el Ecuador persigue ahora al caricaturista Bonil. Solo Correa, un inmenso arrogante, puede sentir que una viñeta donde se hace la descripción de un allanamiento policial a un opositor atente contra la seguridad nacional. En Bolivia se han valido de una ley contra actos de racismo para coartar la libertad de la prensa. Por supuesto, Evo Morales solo desea medios que hagan bombo a sus incontables tonterías, como la reciente de decir que los países ricos son los culpables de las catástrofes naturales.En Colombia padecemos de muchos males, que se denuncian en los medios todos los días. ¿Acaso no se ha dado suficiente prensa a la rebelión de Gustavo Petro contra las autoridades nacionales?

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