La nostalgia

Agosto 29, 2016 - 12:00 a.m. Por: José Félix Escobar

Me encuentro a un viejo amigo, con una vasta y exitosa carrera gerencial en importantes empresas de la región. Mi amigo hace 20 años tomó el rumbo de la capital y allá continuó cosechando triunfos profesionales. En los últimos días he visto al personaje en varias ocasiones, dedicado a retomar contactos y amistades locales. Podría pensarse que lo aburrió el tráfago de la capital. Pero no, sencillamente sintió el llamado de la tierra natal. Experimentó la nostalgia.En ocasiones la melancolía, generada por el alejamiento del lugar donde la gente nació y creció, llega a casos extremos. Jorge Pineda Cordovez fue un conocido empresario de Cali a comienzos del siglo XX. Con él trabajaba un jamaicano, quien gozaba de la plena confianza de su jefe. Un buen día el jamaicano perdió toda emoción, y ganas de vivir; el rudo jamaicano comenzó literalmente a llorar. Pasaron varios días en esta penosa situación hasta que Jorge Pineda descubrió que a su empleado lo había atacado la nostalgia. Entonces lo ayudó a repatriarse. Esta historia la refiero tal como la escuche de mi padre.La literatura ha tenido en el regreso a la tierra natal una fuente constante de inspiración. El clásico griego ‘La Odisea’ no es otra cosa que el largo relato del regreso de Ulises a su patria. La historia se ocupa también de numerosos regresos. El libertador Simón Bolívar, enfermo, decepcionado y combatido desde muchos frentes, resolvió en 1830 tomar el camino de regreso a su natal Caracas. La salud no le alcanzó y murió en la Quinta de San Pedro Alejandrino en Santa Marta, todavía lejos de su tierra natal. El presidente Rafael Núñez obtuvo victorias militares, expidió una constitución, gobernó y luego lo dejó todo por morir mirando el mar de Cartagena.Ahora resulta que la nostalgia ha invadido a Rodrigo Londoño Echeverry, más conocido en los medios judiciales, militares y políticos como Timochenko. El primer descubrimiento es que el duro jefe guerrillero es un ser humano, con el recóndito deseo de volver a pasear con tranquilidad por las calles de La Tebaida, un pequeño municipio Quindiano. Aunque se cree que nació en Calarcá, el mismo Timochenko ha dicho que su infancia transcurrió en La Tebaida. Ni el propio alcalde del municipio conocía los nexos de Timochenko con ese pueblo del Quindío. La reconciliación de que se habla entre los colombianos debería permitir que Londoño Echeverry retornara a las calles de su infancia. Pero eso sí, que primero deje las armas, que pague la pena que se le aplique y que prometa la no repetición de sus actividades por fuera de la ley. Igual tratamiento debería darse a todos los insurgentes que se separen de las armas, que purguen sus penas y que se reintegren a la vida civil. Todos los seres humanos tienen derecho a la nostalgia.* * *Al día siguiente de la firma del acuerdo de cese bilateral al fuego en La Habana, salió a los medios Enrique Santos Calderón, el hermano mayor del Presidente. Enrique Santos habló con toda propiedad, explicó, rebatió, mando a callar, como si él fuera el ordenante y el determinador de las gestiones de paz.Mucha gente había sugerido que detrás de Juan Manuel estaba Enrique, con la carga ideológica que trae desde los años sesenta. Tras las declaraciones de este último uno puede concluir que la paz es de todos pero que este acuerdo de paz es de los Santos.

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