La historia y el Estado

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La memoria de los hombres es extensa. Dura hasta donde alcancen los...

La historia y el Estado

Febrero 06, 2012 - 12:00 a.m. Por: José Félix Escobar

La memoria de los hombres es extensa. Dura hasta donde alcancen los recuerdos. Los historiadores son los urdidores del pasado y a ellos compete la crucial labor de organizar y seleccionar los eventos. De tanto en tanto las sociedades se estremecen con los recuerdos de hechos que no debieron haber sucedido, pero que —la realidad es cruel— sí pasaron y fueron injustos y hasta atroces. Una cosa es la memoria de los hombres —tan extensa como se quiera— y otra la gestión del Estado —tan precisa y reglada como se pueda—. Francia acaba de aprobar una ley en la que se eleva a categoría de delito la negación del genocidio cometido hace un siglo por Turquía contra sus pobladores de origen armenio. Como era de esperarse, esta grave confusión entre la órbita de la historia y el campo de la acción política del Estado ha comenzado a traerle sinsabores a Francia. El Primer Ministro turco no vaciló en recordarle a ese país sus masacres en la descolonización de Argelia, hace apenas medio siglo.Y qué tal el conflicto que surge en el Sur del continente americano, donde los argentinos otra vez recuerdan la ocupación de facto de las islas Malvinas que marinos ingleses hicieron, hace ahora 180 años. Por supuesto que los ingleses entraron a la fuerza y allí se quedaron. Pero el tiempo que ha transcurrido desde entonces ha construido una realidad que los argentinos sensatos no pueden ni siquiera intentar desconocer. Sería tanto como reabrir el fin de la colonización española en estas tierras, que culminó más o menos por la misma época.Por eso las instituciones jurídicas y políticas han moldeado el concepto de prescripción. El tiempo de los funcionarios del Estado es siempre escaso. Y lo más útil para la sociedad es que su actividad se dedique a resolver los problemas actuales y del inmediato futuro. Lo que sucedió hace más de 20 años pertenece al pasado; y su análisis y valoración dejan de ser temas jurídicos o políticos para entrar en el terreno sin límite de las valoraciones históricas. La civilización se funda en el olvido oficial de las tragedias. ¿Alguien podría entender la actual Unión Europea si Francia y Alemania no hubieran hecho un pacto de perdón y olvido de sus múltiples y mutuas agresiones?No faltan, desde luego, mesiánicos irredentos como el juez español Baltasar Garzón que resuelven por sí solos abrir las heridas que la gran mayoría de un pueblo resolvió cerrar. Ahora mismo a Garzón se le juzga por haber decidido investigar los crímenes de la era franquista, contra la expresa voluntad de una ley estatal que prohíbe hacerlo.Algo así va a pasar en Colombia si no aplicamos el bálsamo sanador del olvido. Por no declarar prescripciones obligatorias se presentan exabruptos indefendibles como la reciente sentencia de la Sala Penal del Tribunal Superior de Bogotá, en la cual un grupo de víctimas del Palacio de Justicia hizo que los jueces olvidaran hasta a qué jurisdicción nacional pertenecen. La condición de víctima es a todas luces respetable. Pero ella no puede hacer volar por los aires la paz de los países.

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