Huntington

Septiembre 20, 2010 - 12:00 a.m. Por: José Félix Escobar

Las percepciones del académico norteamericano Samuel Huntington le han sobrevivido largamente. Muchos recordamos el impacto que en la mitad de los años 90 causó la afirmación de un profesor de Harvard, presagiando no un mundo unipolar donde el capitalismo norteamericano carecería de rivales, sino un oscuro panorama de confrontación entre las distintas y antiguas civilizaciones. Hacía poco había caído del muro de Berlín y todos los espíritus simples -como el de George W. Bush- estimaron que la gran potencia norteamericana se había convertido ya en un gigante voluntarioso y eternamente invicto.Huntington les llevó la contraria. El profesor de Harvard hizo del hundimiento del comunismo una lectura diferente. Estimó que las ideologías políticas y sociales se habían desgastado en su recurrente enfrentamiento, que copó casi todo el Siglo XX. Ahora les llegaba de nuevo el turno a las identidades culturales, a las etnias y a las religiones como elementos diferenciadores de los seres humanos. Sólo los espíritus simples -como el de Bush hijo- siguen creyendo que los buenos (es decir, nosotros) siempre machacarán a los malos (es decir, a ellos). Y he aquí al mundo, en pleno Siglo XXI, enzarzado en disputas étnicas y religiosas… Hace poco estalló en Nueva York el escándalo de la ubicación de una mezquita muy cerca del terreno donde colapsaron las Torres Gemelas. Qué decisión más inoportuna. Aunque es innegable el derecho que asiste a los musulmanes de EE. UU. a levantar su templo, ¿por qué tenían que escoger ese sitio? ¿Acaso no fueron fanáticos musulmanes quienes causaron los miles de muertos del 11 de septiembre? ¿Si Dios está en todas partes, por qué adorarlo bajo el credo musulmán tan cerca de semejante masacre? Si algo caracteriza a los asuntos étnicos y religiosos es la gran susceptibilidad que los rodea. Muy imprudente e innecesariamente provocadora fue la reacción de un fanático pastor de un pueblo del estado de Florida, quien anunció a toda voz que quemaría decenas de ejemplares del Corán. Parece que las únicas razones que entendió el ministro Jones para suspender semejante abuso fueron las puramente aritméticas: las autoridades le recordaron que por cada norteamericano -cristiano o no- hay cuatro musulmanes en el planeta. Y que no es prudente fanatizarlos, menos cuando tropas de EE.UU. se encuentran enclavadas en varios países del área mahometana del mundo.Qué odiosa la deportación masiva de gitanos ordenada por el presidente Sarkozy. Europa parece no aprender de su tormentoso pasado, repleto de razias, pogromos, limpiezas étnicas y persecuciones de toda laya. Una valerosa mujer luxemburguesa, la comisaria Reding, ha recordado a los franceses que el continente europeo no debe reeditar los espectáculos de intolerancia que encendieron la Segunda Guerra Mundial.Contra ella se han desatado las iras de Sarkozy y de su ministro Pierre Lellouche. Qué injusto. Señores Sarkozy y Lellouche: no hace falta ser el profesor Samuel Huntington para encontrar, detrás de la expulsión masiva de los gitanos, al vergonzoso fantasma de Vichy.

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