¿Hasta cuándo?

Julio 26, 2010 - 12:00 a.m. Por: José Félix Escobar

Escoltado por Diego Armando Maradona —un atorrante pretencioso—, el Presidente venezolano decidió, en plena intervención pública, romper relaciones con Colombia. Se trata, por supuesto, de una de las más recientes demostraciones de tiranía de Hugo Chávez. Por cierto, no la más preocupante, como pasaremos a ver enseguida. La nada diplomática intervención del gobierno de Uribe Vélez en la OEA no puede servir para tapar la ominosa y gravísima persecución de que han sido víctimas en Venezuela la cadena Globovisión y sus legítimos propietarios. El golpista de Barinas ha utilizado todos los recursos del Estado para dar cacería al único medio televisivo que aún sostiene una posición crítica.Lo que ha sucedido con Globovisión es un atentado de gran envergadura a la libertad de prensa, propio de una dictadura que ya no se esconde ni se disfraza. Como el chavismo no pudo desconectar a Globovisión, aduciendo como en el caso de Radio Caracas Televisión el vencimiento de la licencia oficial, la emprendió contra Guillermo Zuloaga y Nelson Mezerhane, los mayores accionistas del canal. Los esbirros de Chávez resolvieron decir que los 21 carros nuevos que Zuloaga guardaba en su casa eran el cuerpo de un delito, no muy claramente definido. Todos los vehículos eran comprados directamente por Zuloaga, y no con fondos públicos, como sucede con las interminables flotas de aviones y de automotores que utiliza a su antojo el tirano Chávez. Ante el acoso oficial, Zuloaga se vio forzado a huir de su país.Quedaba Mezerhane, escogido en Venezuela en el 2008 como empresario del año, y hoy exiliado en Estados Unidos. Como el grueso de su fortuna estaba representado en el Banco Federal, las autoridades resolvieron decir que éste estaba desfinanciado y exigieron a Mezerhane una enorme capitalización en un plazo imposible de cumplir. Llegado el día señalado, los secuaces de Chávez intervinieron el banco. Poco les importaba la entidad, por cierto. Andaban detrás del paquete de acciones que el Banco Federal tenía en Globovisión.Es por ello que, unos días antes del show mediático que montaron Uribe y Chávez alrededor de algo tan sabido como la presencia de guerrilleros en Venezuela, el tirano de al lado anunció con aires de triunfo que ya estaba a punto de controlar la propiedad accionaria de Globovisión. Es decir, que se encontraba a un paso de silenciar al único medio electrónico que se le opone. Toda una vergüenza. Como execrable fue también la humillante e irrespetuosa exhumación de los restos de Simón Bolívar para fundirlos —como en una grotesca telenovela— con los que supuestamente pertenecieron a Manuela Sáenz. Dicen, además, que se han fletado científicos para que aseguren, 180 años después, que Bolívar no fue derrotado por la tuberculosis sino por el veneno que Santander y demás conspiradores colombianos le proporcionaron. Ya todo el mundo sabe hasta dónde es capaz de llegar el desquiciado ex coronel Chávez Frías. Pero corresponde sólo a los venezolanos de bien, que son muchos, decidir hasta cuándo su país estará invadido por la peste populista.

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