Fondo y forma

Febrero 21, 2011 - 12:00 a.m. Por: José Félix Escobar

Los lamentables episodios que han rodeado la vida política de Silvio Berlusconi conforman una imagen muy deteriorada del personaje. No se puede cabalgar a la loca de escándalo en escándalo, sin dejar parte de la piel en cada alambrada. El último show mediático es propio de un vodevil de mala muerte: Ruby Robacorazones, una joven hetaira marroquí, es salvada de las garras de la Policía cuando el mismísimo ‘cavaliere’ llama al responsable de turno para pedir que soltaran a Ruby, a quien presenta como sobrina del presidente egipcio Mubarak…Es imposible pedir más insensateces. El corolario llega enseguida: ¿cómo es posible que Italia —nación desarrollada, pujante, culta como pocas— mantenga en el poder a semejante personaje? La respuesta no es fácil, pero debe empezarse por el principio: la presencia de Berlusconi en el mando obedece a una reacción de vastas capas de la sociedad italiana contra los excesos de los fundamentalistas de las manos limpias, quienes decapitaron a casi toda la clase política a comienzos de los años 90 en una serie de procesos motivados por la corrupción imperante. ¿Cuál sistema político no han conocido los italianos? De hecho, Italia es la única nación occidental que arriba a su cuarto milenio con presencia continua en las cimas del poder. Por su vastísima historia han desfilado reyes, triunviros, cónsules, tetrarcas, emperadores que se creían dioses, papas que actuaban como emperadores, grandes y pequeños duques, presidentes, primeros ministros, un dictador fascista, etc., etc. Hay, si se quiere, un hastío de los italianos de hoy contra las tradicionales formas de ejercer el poder político. Un italiano del común está en capacidad de justificar, con buenas dosis de cinismo, la vigencia y la popularidad de Berlusconi: no necesita robar porque tiene mucho dinero; es un excelente empresario, que hace que las cosas funcionen; sus negocios dan empleo a millares de personas; ama el fútbol y la buena vida; logra que la gente corriente llegue a sus casas y se siente tranquilamente a ver la buena televisión que le ofrecen los canales de propiedad del mismo Berlusconi…Estamos en presencia de otro caso en el que el fondo discrepa gravemente de la forma. Nadie duda de la capacidad gerencial de Berlusconi; sus habilidades empresariales son indiscutibles y es, en efecto, el empresario más rico de Italia. Aparte de su elevado endeudamiento público (117 % del PIB) el curso de la economía italiana se esfuerza por seguir los severos lineamientos de la Unión Europea. No obstante los tropiezos del momento actual, muchos aseguran que Italia ha capoteado la grave crisis de los mercados financieros.Puede que sea tarde para que Berlusconi, ya octogenario, cambie de actitud. La imagen pública de un líder no resiste una trayectoria de constante degradación. Hoy todo parece indicar que las escandalosas fiestas del primer ministro van a terminar más temprano que tarde con su paso por las altas esferas del poder. Y Berlusconi al fin comprenderá que, en democracia, las formas pueden tener tanta importancia como el fondo.

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