Falta gerencia

Falta gerencia

Febrero 04, 2013 - 12:00 a.m. Por: José Félix Escobar

Jon Lee Anderson, la gran estrella periodística de The New Yorker, dijo hace poco en una entrevista de televisión que al llamado socialismo del Siglo XXI le sobraban palabras pero le faltaba gerencia. Del gran drama que se vive en Venezuela (allí al lado de nosotros) se ocupa la prensa del mundo casi todos los días: no es frecuente ver el caso de un país en el que abunda la riqueza del petróleo pero faltan los huevos, la leche y el pan. Según Jon Lee Anderson -un estudioso de la realidad venezolana- tras sus grandes errores, lo más probable es que el chavismo desaparezca con su líder.En una definición de fácil comprensión, el gerente es el encargado de coordinar los recursos internos, utilizarlos para obtener su máximo rendimiento y controlar las metas y objetivos. Se puede gerenciar una empresa o una sociedad. Y, por supuesto, se puede gerenciar un país. Vistas así las cosas, no solamente en Venezuela falta gerencia. En nuestro país el caso está muy lejos de ser tan grave como allá, pero todos los días los ciudadanos elevan sus quejas contra la mala adscripción del recurso humano, contra la ausencia de planes y objetivos claros, contra el desmadre en el uso de los recursos económicos.No es fácil de entender que 300 médicos jóvenes, recién graduados, tengan que protestar con un paro en Antioquia porque las autoridades departamentales sólo les ofrecen 32 plazas para medicina rural. Hay grandes falencias en la prestación del servicio de salud en todo el país, pero la oferta de médicos no puede ser absorbida por el Estado. Un típico caso de mala gerencia: las instituciones de salud se encuentran sobrecargadas de personal administrativo, pero no hay presupuesto para enganchar a los médicos.Cientos de empleados públicos demuestran día a día su rotunda ineficiencia en el llamado servicio diplomático. Estos funcionarios hacen carrera más con sus estruendosos fracasos -como el pobre manejo del caso Nicaragua- que con sus aciertos. En un mundo cada vez más intercomunicado, no se entiende qué impide racionalizar la nómina de agentes diplomáticos para que los situados en polos estratégicos atiendan los asuntos de los países vecinos. Con uso intensivo de las comunicaciones modernas y sin la costosa parafernalia de las misiones diplomáticas. En materia de obras de infraestructura, lo que con tono moralizador se anatemiza como flagrante corrupción es, antes que nada, un desastre gerencial. Tal como se pudo ver en el escándalo de los Nule en la capital del país, a ningún gerente sensato se le ocurriría entregar anticipos gigantescos antes de saber cómo y cuándo se harán las obras. Y a ningún gerente -una de cuyas funcionales misionales es la de controlar- se le pasaría por la mente tolerar interventores que no vigilan o contralores que no auditan. ¿Queremos otro caso de absurda gerencia? El gran lío de las basuras que ha creado en Bogotá el inefable alcalde Petro. ***No importa desde qué ángulo se le mire: ese artefacto que han construido en la hoy llamada plaza Jairo Varela es un esperpento. Coincido con usted, maestro Manolo Lago.

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