Escritorio y territorio

Escritorio y territorio

Abril 09, 2017 - 11:55 p.m. Por: José Félix Escobar

En la semana pasada un funcionario de la capital del país suministro a los medios un dato francamente aterrador: uno de los ríos que causó la gran avalancha en Mocoa nace a 1.750 metros de altura sobre el nivel del mar y en tan solo siete kilómetros de recorrido, desciende mil metros. Además, el funcionario afirmó que la parte alta del río estaba ampliamente deforestada. Resulta imposible no suponer que en tres o cuatro días de lluvias fuertes el río podía convertirse en un caudal imparable, como en efecto sucedió.

Es increíble que este peligro potencial no hubiera sido detectado a tiempo por las autoridades, tanto nacionales como regionales. Nadie se explica la razón por la cual se permitió la construcción de vivienda en las orillas de un río tan peligroso. Como tampoco puede nadie entender porque la Corporación Autónoma Regional de esa zona concedió licencias ambientales. La gran tragedia que tiene alarmado al país desde la madrugada del 1 de abril vuelve a poner sobre el tapete el altísimo grado de imprevisión de las autoridades colombianas.

La negligencia y el descuido se encuentran en todos los niveles del poder. Ahora ha venido a conocerse que en 2014 se puso de presente a las autoridades nacionales el grave riesgo que corría Mocoa. Y en el año 2015 en el Congreso de la República se adelantó un debate sobre el mismo asunto. Ni la alarma del 2014 ni el debate parlamentario de 2015 produjeron resultados. Las autoridades centrales no actuaron.

Como era de esperarse, ha comenzado el carrusel de exculpaciones. El municipio acusa a la Corporación Regional, esta a su vez señala al municipio y todos involucran a la gobernación del departamento. Las autoridades nacionales se refugian como de costumbre en los escritorios capitalinos de los cuales solo se apartan una vez sucedidas las tragedias; allí, en el escenario del desastre todos fungen de salvadores.

Ahora todos tratan de echarle la responsabilidad al fenómeno de La Niña; todos hablan del exceso de lluvia en los últimos días de marzo; todos quieren conformar la ocurrencia de un caso fortuito o de una fuerza mayor cuando lo único que resalta una vez más es la gigantesca imprevisión y la enorme negligencia de nuestras autoridades. Afortunadamente en este doloroso caso la Fiscalía y los demás órganos de control abrieron ya las investigaciones correspondientes.

El gobernador de Nariño repite con frecuencia que en este país hay que pasar del escritorio al territorio. Quiere con ello significar que las autoridades deben salir de sus despachos y acercarse al territorio donde los ciudadanos viven y sufren los embates de la realidad. Las cosas vistas desde lejos son unas, pero vividas cerca de la realidad de la gente son otras.

Hay que desconcentrar la actividad gubernamental, porque está demostrado hasta la saciedad que el centralismo administrativo es una pésima política. En un país federal como los Estados Unidos ha surgido un movimiento que busca deslocalizar agencias del gobierno para sacarlas de Washington.

Es muy importante la decisión democrática tomada por los habitantes de Cajamarca quienes de forma abrumadora se opusieron a la explotación de una mina de oro en su municipio. Tal vez la formulación exacta del remedio consista en buscar que la actividad del gobierno nazca en el territorio y termine en el escritorio.

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