Errores cruciales

Errores cruciales

Junio 08, 2015 - 12:00 a.m. Por: José Félix Escobar

Para Acemoglu y Robinson la coyuntura esencial de la historia se dio en 1348, cuando la peste negra asoló a Europa, diezmó la fuerza de trabajo y empujó grandes cambios en la estructura de las sociedades. Álvaro Mutis, por su parte, creía que el punto de inflexión ocurrió en 1453, cuando los otomanos sometieron a Constantinopla. La generalidad de los historiadores señala a 1492 como eje central, por el descubrimiento de América. Eric Hobsbawm consideró a 1914 como el verdadero fin del Siglo XIX y el inicio de la era contemporánea. Y algunos señalan a 1989, año de la caída del muro de Berlín, como la terminación real de ese violento Siglo XX. La situación actual nos obliga a buscar las causas de lo que ha sucedido en los últimos años. El cambio del mundo se ha producido por la progresiva y constante desindustrialización de Occidente, pues una generación de economistas sugirió entregar la manufactura a grandes países, por entonces emergentes, como China. La llamada escuela de Chicago, seguidora de las lecciones del profesor Milton Friedman, consideró que el aspecto monetario era el principal a tener en cuenta en la actividad económica. Consecuencia de lo anterior fue la persecución a rajatabla de costos de producción más bajos, aunque ello significara cerrar fábricas en los países donde se consumían los bienes y llevar la manufactura a sitios con abundancia de mano de obra barata. Como en efecto ha sucedido en gran escala desde la década de 1980.Los empresarios con cortedad de miras nunca calcularon que por mejorar los balances de los próximos dos o tres ejercicios, estaban causando un cambio geopolítico de primera magnitud. Los chinos primero aportaron –dócilmente– ejércitos de obreros; después copiaron la tecnología; posteriormente investigaron, desarrollaron productos, los vendieron por su cuenta y se enriquecieron a ritmos impresionantes. Cientos de plantas industriales cerraron en el mundo occidental al paso que China consolidaba el enorme poderío que hoy ostenta. ¿Era necesario que por rebajar costos de producción se sembrara desempleo en el resto del mundo mientras China florecía? Esa lógica económica (darwinista, la llaman algunos) opera también en Colombia. Cuando un sector se organiza surge el señor Pedro Felipe Robledo blandiendo la espada del inquisidor y viendo carteles malsanos conde solo existe racionalidad y sensatez. ¿Será necesario resquebrajar los sectores existentes por la razón de que en ese o aquel país alguien produce más barato? Ahora Robledo la emprendió contra el sector azucarero, o lo que es lo mismo, contra el occidente colombiano. ¿Qué desea el Superintendente? ¿Una guerra de precios permanente en la que sean los trabajadores los primeros en verse perjudicados? ¿Conoce el señor Robledo el gran aporte tributario que el sector del azúcar hace a los fiscos regionales? ¿Ha sopesado el Superintendente la gran capacidad de generar empleo de calidad en todo el país que tiene el negocio del azúcar? ¿Conoce las políticas de responsabilidad social empresarial, de aplicación general en el sector? ¿Desea el señor Robledo ver los ingenios azucareros cerrados, la producción deslocalizada y el progreso regional frustrado?De seguir como va, al señor Superintendente hay que colocarle un cartel en la entrada de su despacho: “Aquí se prefiere el bienestar de los productores de azúcar de otras latitudes”.

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