Equilibrio regional

Febrero 09, 2017 - 05:11 p.m. Por: José Félix Escobar

Una de las primeras tareas de gobierno que tendrá que acometer el nuevo presidente es la de restablecer el equilibrio regional, que bajo los períodos de Uribe Vélez se ha desdibujado de manera grave. La historia comenzó a mediados de la década de 1990, cuando Telecom -el monopolio nacional de las telecomunicaciones- fue desmontado, y su jugoso negocio fue entregado a la gestión de sólo dos ciudades, Bogotá y Medellín, a través de máscaras institucionales amparadas por el tinglado de la Ley 142 de 1994.En economía, dice el académico Guy Sorman, “hay ganadores y hay perdedores, todo progreso tiene un reverso”. Lo que en una época fue ganancia para la Nación, se convirtió en utilidades dirigidas sólo a dos ciudades. Basta con mirar las enormes utilidades que desde hace poco más de una década se han distribuido entre los gobiernos locales de Bogotá y Medellín, provenientes de la gestión extramuros que efectúan sus empresas de servicios públicos. Es decir, estas dos ciudades tienen por mercado a todo el país, pero sólo en sus respectivas jurisdicciones se benefician del negocio.Los perdedores han sido el resto de los municipios del país. El caso de Emcali es patente. Descontando el hecho incontrovertible de sus malas gestiones anteriores, lo cierto es que en los dos gobiernos de Uribe Vélez la prestadora caleña de servicios públicos se mantuvo bajo el férreo control centralista de una intervención administrativa. Los desequilibrios cuestan. Mientras en las otras grandes ciudades el aporte directo o velado de la Nación es generoso, en Cali a nuestros gobernantes lo único que se les ocurrió fue poner a los contribuyentes locales a sufragar de su bolsillo un crecimiento que en las demás ciudades es apuntalado por todo el país.En tanto que se aducían razones -valederas o no- para no devolver Emcali, las otras dos grandes compañías del ramo, ETB y EPM, no hacían más que crecer. Mucho más acentuado el crecimiento de EPM, por supuesto. El poderoso cluster paisa que campeó a sus anchas bajo las dos presidencias de Uribe Vélez se encargó de ampliar incesantemente el campo de acción de EPM, hasta el punto de que entre 2002 y la actualidad las utilidades del municipio de Medellín (con la camiseta EPM) crecieron más de siete veces. Gran preocupación debería causar el hecho de que en los actuales debates presidenciales este tipo de temas ni siquiera se mencione. Ya es hora de empezar a cuestionar la concentración económica sin medida que se desarrolla en Bogotá. La calidad de vida en la capital se resquebraja a pasos agigantados; el agua potable es muy costosa y cada día será más escasa; los problemas de movilidad se incrementan casi geométricamente. Bogotá se fagocitó en poco más de una década el sistema Transmilenio; y en vez de que alguien sugiera racionalizar el crecimiento, ya quieren embarcar a todo el país en la nueva aventura de un tren metropolitano para la capital.***Seamos prácticos. Si usted se levanta temprano a votar el próximo domingo -aunque a algunos no les guste el personaje- tendremos vicepresidente vallecaucano.

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