Entre franjas

Abril 04, 2011 - 12:00 a.m. Por: José Félix Escobar

Antonio Panesso Robledo, tan injustamente olvidado por las nuevas generaciones, popularizó en su momento la expresión franja lunática. Sostenía Panesso que toda sociedad cuenta con individuos revestidos de un apasionamiento tan extravagante que los lleva a creer, por ejemplo, que Elvis Presley está vivo, o que Hitler no fue un loco sino un genio, o que el dictador Hugo Chávez Frías es un puntilloso demócrata, respetuoso como ninguno de la libertad de expresión.Cada época tiene que cargar a cuestas a sus loquitos. Pero cuando éstos se enquistan en instituciones en apariencia respetables, la franja lunática se transforma en franja cínica. ¿Cómo explicar el veto que Horacio González, director de la Biblioteca Nacional de Argentina, quiso imponer a Mario Vargas Llosa para impedir que el reciente premio Nobel inaugurara la Feria del Libro de Buenos Aires? ¿Cómo entender que el veto se hiciera en nombre de los “intelectuales kirchneristas”? Conociendo las vagabunderías del actual régimen argentino, ¿cómo alguien puede ser intelectual y kirchnerista a la vez?Claro que Vargas Llosa no es santo de la devoción de mucha gente. Pero nadie puede desconocer su enorme valor como profesional de la literatura. Quizás el promotor del veto considere que los premios Nobel los reparten con el mismo criterio rabiosamente clientelista que utiliza el kirchnerismo para manejar los asuntos públicos de Argentina. Y hasta es posible que González crea que todos los premios Nobel se parecen a Camilo José Cela, ese gallego histriónico y plagiador que nunca supo si era franquista o demócrata, o si era español o inglés. De Vargas Llosa, por el contrario, debe reconocerse que ha guardado una sólida coherencia.Los cínicos raras veces se detienen. Ahora resulta que se han instalado en la Facultad de Periodismo de la Universidad de La Plata, en Argentina. En reciente acto público ese centro de educación superior entregó al dictador Hugo Chávez Frías el premio Rodolfo Walsh por su “compromiso con la libertad de expresión”. ¿Qué desayunaron los lunáticos y cínicos el día en que se atrevieron a semejante despropósito? Si algún lunar ha tenido la historia reciente de Latinoamérica es la vergonzosa cacería desatada por el golpista de Barinas contra los dueños y los periodistas de emisoras, diarios y canales de televisión. Ya se sabe que la dictadura abate a Venezuela desde que en 1999 el ex coronel golpista se adueñó del poder. Pero es inquietante comprobar la constante degradación de la vida pública en Argentina. Nadie entiende cómo ese país, cuna de una cultura superior, permite la actividad política de bárbaros como Hugo Moyano, promotor de atropellos en plena calle contra todo aquel que no comulgue con el régimen. El taponamiento de las vías públicas se acaba de usar para impedir la circulación de los diarios Clarín y La Nación, éstos sí verdaderos ejemplos de periodismo responsable. No soplan buenos vientos para el periodismo en Argentina. Pero, viéndolo bien, si una Facultad de Periodismo otorga a Chávez un premio, ¿no estará pidiendo a gritos que la clausuren?

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