El mercader

Julio 12, 2010 - 12:00 a.m. Por: José Félix Escobar

El fútbol, ese gran deporte de multitudes, con sus vibrantes acciones volvió a paralizar el planeta. Que el ganador de la Copa 2010 goce de su triunfo. Sin embargo, se impone establecer un contraste entre tanta legítima emoción y el controvertido negociante que desde hace 12 años mangonea, quita y pone: el suizo Joseph Blatter.Intrigante como pocos, Blatter prosperó al amparo del verdadero artífice de la poderosa Fifa, el dirigente brasileño Joao Havelange. Cuando Havelange manifestó que no optaría por la reelección en 1998, Blatter, su antiguo secretario, surgió de las sombras para derrotar en la Presidencia de la Fifa a quien todos daban por elegido, el sueco Lennart Johansson. La fórmula de Blatter para acceder al poder fue simple: viajó por todos aquellos pequeños países que sólo tienen una bandera y un himno, prometiéndoles afiliación a la Fifa a cambio de sus votos. El sueco Johansson, por su parte, supuso que el sólido respaldo económico de la Uefa le bastaba para triunfar, pero no fue así. Blatter lo derrotó y ha extendido su reinado desde 1998 hasta la fecha.Pero los europeos, convencidos de que el poder económico de sus equipos debe reflejarse en el manejo del fútbol, no se quedaron quietos. El derrotado Johansson es vicepresidente de la Fifa, con lo que el fútbol actual es más europeo que nunca. Sin merecerlo o mereciéndolo, son las potencias de Europa las que quieren acaparar los grandes títulos. Las necesidades del enorme negocio que se mueve alrededor así lo imponen. Lo cierto es que desde que Blatter es presidente de la Fifa, sólo dos países suramericanos han figurado entre los cuatro finalistas de los campeonatos mundiales: Brasil, en 1998 y 2002, y Uruguay, que aparece entre los cuatro mejores de 2010. Para sacar a los americanos ha valido de todo: desde la confección de calendarios que no los favorecen, hasta las consabidas manipulaciones arbitrales. En Sudáfrica 2010 se llegó al colmo de fabricar balones erráticos, que dificultan sobremanera el control y la habilidad, clásicas virtudes de nuestros jugadores. El sombrío señor Blatter demuestra su repudio a la transparencia cada que puede. Es inconcebible que la Fifa obtenga de la televisión cientos de millones de dólares por venta de derechos, pero que desconfíe públicamente de las enormes ventajas que la televisión ha traído al juzgamiento deportivo. Ante el gusto por la opacidad, vale la pena preguntarse quién audita las cuentas de la Fifa y si su ubicación en Suiza es apenas una coincidencia geográfica.Blatter debería saber que el deporte es parte integral de la educación de los jóvenes. Y a ellos no se les puede mostrar que Francia puede clasificarse con un gol tramposo o que en Sudáfrica han validado goles que no fueron reglamentarios. El problema es global y de base. ¿La Unesco no tendrá nada que decir al respecto?***Propongo que a la francesa Íngrid Betancourt el Estado colombiano le presente una factura simbólica, por valor de un peso, por sus imprudencias y por las constantes insolencias de ella y sus gentes durante la época de su secuestro. Au revoir, madame.

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