El autor de moda

Mayo 26, 2014 - 12:00 a.m. Por: José Félix Escobar

En el mundo de las ideas económicas cada cierto tiempo aparece un libro que impacta. En los años 60 el francés Jean–Jacques Servan Schreiber publicó ‘El desafío americano’, una larga alabanza a la manera norteamericana de hacer las cosas, contrastada a cada instante con el menguado estilo europeo de hacerlas. En los 90 aparecieron dos obras de éxito: ‘El fin de la historia y el último hombre’, de Francis Fukuyama, y ‘El choque de civilizaciones’, de Samuel Huntington. Fukuyama expuso que tras el fin de la Guerra Fría había muerto la lucha de ideologías, derrotadas ellas por la democracia liberal. Huntington, por su parte, argumentó que después de la caída del Muro de Berlín, la humanidad ya no se enfrentaría por ideologías sino por las grandes diferencias existentes entre las civilizaciones. Hace dos años Acemoglu y Robinson publicaron ‘Por qué fracasan los países’, un análisis histórico de la diferencia entre las sociedades inclusivas (que sí crean riqueza) y las meramente extractivas.Ahora ha saltado a la primera plana el francés Thomas Piketty. En 2013 publicó un extenso libro bautizado ‘El capital en el Siglo XXI’, aún no traducido al español. Por las reseñas que aparecen en importantes medios se sabe que se trata del desarrollo de una tesis simple, con una conclusión bastante obvia: como existen enormes desigualdades en el mundo la solución está en elevar radical y drásticamente la tributación a los más pudientes.Decir que el 1% de la población es mucho más rico que el 99% restante parece un concepto sacado de la aritmética más elemental. Por supuesto que hay minorías muy ricas. Lo grave no es que existan sino que la brecha entre los que más tienen y los menos afortunados se ensanche cada vez más. El capitalismo financiero que se extendió por el mundo a partir de la llamada ‘Escuela de Chicago’ ha llevado a privilegiar los retornos del capital sobre los demás esfuerzos productivos. En términos de Moisés Naïm “la desigualdad crece cuando la tasa de remuneración al capital es mayor que la tasa de crecimiento de la economía”.Las tesis de Piketty han sido tildadas de marxistas, lo que llamó la atención de un experto en Carlos Marx, el británico David Harvey. Para el profesor Harvey lo verdaderamente digno de admirar en Picketty es su acopio de datos. Pero sus conclusiones le parecen a Harvey “ingenuas, si no utópicas”. Es decir, se trata de alguien que le dedicó inmensas cantidades de tiempo a documentar lo obvio. ¿Elevar la tributación para mermar la desigualdad? ¿Y a quién se le entrega ese caudal de dinero? ¿A los mismos burócratas que se apropian de lo que más pueden sin que se beneficien los menos afortunados?Los economistas debatirán ahora y de manera incesante sobre las tesis de Picketty. Ese constante flujo de descalificaciones entre ellos lleva a aceptar una reciente frase de Mario Bunge, el filósofo argentino radicado en Canadá: “La economía es una semiciencia”. Lo que no debe tomarse en sentido despectivo sino para describir una falencia: hoy no se puede ser simplemente economista, sobre todo tras la crisis a que fue conducido el mundo en 2007. Hay que agregar otros conocimientos: Servan Schreiber fue periodista, Fukuyama es politólogo, al igual que lo fue Huntington. Acemoglu y Robinson son investigadores históricos. Quizás el más economista de todos es el actual y debatido Picketty.

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