Cuidado con Grecia

Febrero 20, 2012 - 12:00 a.m. Por: José Félix Escobar

La capacidad de amenaza de Grecia no se debe a su poder intrínseco. Como economía es lo más parecido a un desastre; como sociedad está a un paso de deshacerse; como poder militar, no cuenta. Pero lo preocupante de Grecia es que se ha convertido en una especie de caja de Pandora, tras cuya apertura pueden sucederse grandes catástrofes. La peor de todas: que buena parte de las sociedades actuales tendrían que verse en el espejo griego para reconocer altas cuotas de responsabilidad.Nadie puede sostener que la gran tragedia griega es producto de la crisis mundial de los años recientes. Grecia venía elaborando cuidadosamente su desastre desde hace 30 años, cuando el paso del estatismo populista por el poder hizo crecer el tamaño del sector público 15% en tan solo 8 años: del 55% del PIB en 1981 al 70% del PIB en 1989. Estos irresponsables se bautizaron en su momento como socialistas, bajo el mando del emblemático líder Andreas Papandreu.Tecnicismos aparte, el Estado no es más que una gran alcancía, alimentada por un lado por los impuestos de los ciudadanos y exprimida por el otro con el costo de los servicios sociales que se vuelven cargas públicas. En Grecia la demagogia de los políticos se ocupó de que los ciudadanos pagaran cada vez menos impuestos, por lo cual no hubo más remedio que acudir al endeudamiento para poder cubrir las facturas de nóminas y servicios sociales.Durante décadas las entidades financieras internacionales suministraron fondos a Grecia, cuando hasta los economistas más novatos tenían que saber que el país jamás iba a poder pagarlos. Hoy se acusa a las autoridades griegas de estar maquillando las cuentas nacionales desde hace años, básicamente con miras a obtener el ingreso a la Unión Europea. Lograda esta meta, en 2002, el maquillaje continuó, bajo la dirección de prestantes bancos de Wall Street, con el fin de evitar que las autoridades de la Unión se dieran cuenta del enorme déficit del país.Una mezcla fatal de demagogia política y de irresponsabilidad sindical fue haciendo que el nivel de vida de los griegos se acercara cada vez más a los promedios europeos. Pocas voces se alzaron para hacer notar que la griega es una economía precaria que vive fundamentalmente del turismo. Todos comenzaron a decirse a sí mismos: “Tranquilos, vivamos bien, disfrutemos, pensionémonos a los 55 años, que al final tendrán que pagar los alemanes”. Hasta que los alemanes se rebelaron y la burbuja —como suele suceder con todas las que crean los malos economistas— reventó.Lo grave de estas situaciones-límite es que la irracionalidad brota pronto. Se expande por buena parte de la Europa meridional una ola de germanofobia, que podría matar el euro y fraccionar la Unión. El dogmatismo que ha mostrado Angela Merkel podría ser objeto, a su vez, de maquillaje diplomático para no abrir tantas heridas. Máxime ahora que un grave caso de corrupción ha hecho dimitir al presidente de Alemania. Todos somos humanos, señora Merkel. Valdría la pena que usted aprendiera del refranero colombiano un sabio consejo: “Apriete, pero no ahorque”.

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