Cuándo intervenir

Marzo 07, 2011 - 12:00 a.m. Por: José Félix Escobar

Tras la Segunda Guerra Mundial, los imperios coloniales comenzaron a desmoronarse. Los nacionalistas de todas las latitudes olieron la sequía de las arcas de las grandes potencias, obligadas entonces a asumir de manera prioritaria los enormes costos de la guerra. La aventura colonialista y la reconstrucción nacional se volvieron incompatibles. El mapa del planeta cambió en pocos años. Decenas de nuevos estados izaron sus banderas y se declararon independientes. Con el recuerdo fresco de las atrocidades colonialistas, las nuevas naciones asumieron rápidamente un principio que se volvió inexpugnable: la no intervención de otros países en los asuntos internos de cada nación.Sin embargo, son muchas las tragedias que han ocurrido en los últimos 60 años. Para sólo concentrarnos en lo que ha pasado en la última década del Siglo XX y en la primera del XXI, es imposible olvidar la atroz guerra racial y religiosa de los Balcanes; la enorme matanza de hutus y tutsis en el África oriental; los breves y sangrientos conflictos de Timor Oriental y Costa de Marfil; entre otros.Ya la humanidad civilizada no se plantea como paradigma la no intervención. Tal como estamos presenciando en estos momentos con la salvaje represión de las revueltas liberadoras en Libia, lo que las grandes potencias y los organismos multilaterales discuten es la oportunidad concreta en que se debe intervenir. Ha hecho carrera la noción de tragedia humanitaria como detonante de la intervención.De hecho, en el caso de Libia lo ajeno a toda justificación es la permanencia del coronel Gadafi —un bárbaro de exposición— al frente de su país durante tantos años. Ninguna de las lamentables facetas de la personalidad de Gadafi puede ahora sorprender a alguien. Se le toleró y se le perdonó que volara aviones, pusiera bombas en discotecas, machacara selectivamente a su pueblo y derrochara a manos llenas la riqueza del país. Y todo a causa de la explotación de hidrocarburos en gran escala en territorio libio. Los nacionalistas de posguerra anunciaron a los cuatro vientos la propiedad de sus respectivos estados sobre los recursos naturales. Llámense los diamantes de Sudáfrica o Costa de Marfil, el petróleo del Norte de África o del Golfo Pérsico, el coltán de la República Democrática del Congo. Este es otro paradigma que merece revisión. El único recurso sobre el cual se tiene pleno dominio es aquel que no se ha explotado. Pero iniciada la explotación, es imposible para el país productor aislarse de las corrientes internacionales de la oferta y la demanda. Toda la humanidad comienza a depender de los suministros, y se convierte en extorsión imperdonable la amenaza de suspenderlos. Este es otro momento en el cual la sociedad globalizada debería intervenir con toda su fuerza en el país chantajista.* * *Como el autor de estas líneas no es político, se anima a hacer lo que los políticos no hacen: manifestar desde ahora sus preferencias electorales. Ojalá Alba Leticia Chávez y Susana Correa continuaran su campaña hasta el día de las elecciones para tener el agrado de votar por ellas.

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