Centro y posconflicto

Abril 11, 2016 - 12:00 a.m. Por: José Félix Escobar

A pesar de las torpezas del Gobierno en la conducción del proceso de acercamiento a la guerrilla de las Farc, todo parece indicar que Colombia se ha situado en ‘modo paz’. La extensión de las conversaciones a la insurgencia del ELN marca una tendencia que puede ser ya irreversible. De hecho ninguno de los opositores políticos al Gobierno Santos se manifiesta de manera rotunda como enemigo de la paz. Muchos critican con razón el secretismo y los bandazos que se han producido en La Habana. Otros, no comprenden por qué motivo se debe establecer una caravana itinerante por varios países de Suramérica para buscar la paz con el ELN.Muchas décadas llevan observadores y analistas indicando que la gran causa del conflicto armado en Colombia es la ausencia efectiva del Estado en las regiones periféricas. Es decir, que el altiplano se queda con la mayoría de los recursos estatales y solo una pequeña parte se envía a la periferia y a las zonas más alejadas. Sin embargo, hay un significativo progreso porque estos planteamientos ya son hechos de manera frecuente en foros de debate asentados en la propia capital del país. En Bogotá hasta hace poco se profesaba la religión centralista y todo aquello que la cuestionara era anatema.Pero algunas fuerzas centralistas contraatacan. No fue para nada oportuno que la Contraloría General anunciara la compra de una nueva sede en la capital por 308.000 millones de pesos. El negocio se hizo por la misma época en que el país comenzó a enterarse de que los niños de la Guajira morían de desnutrición y que los niños que viven en comunidades situadas a las orillas del río Atrato corren todos los días el riesgo de envenenarse con los productos químicos que la minería ilegal vierte en las aguas del río.La Contraloría podría haber continuado despachando en una sede alquilada, pues la calidad del servicio que presta nada tiene que ver con el derecho de propiedad sobre el sitio que ocupa. Por lo menos mientras se superan las grandes dificultades presupuestales del momento. No olvidemos que esa enorme cifra dedicada a la compra de una sede oficial en la capital, representa más o menos la tercera parte de la factura que la Nación le ha pasado a las Empresas Municipales de Cali por las obras del tratamiento de afluentes al río Cauca; tampoco podemos olvidar que esta situación tiene apretadas las finanzas de Emcali, con perjuicio directo para todos los que habitamos en esta ciudad.En la etapa del posconflicto las regiones del país no pueden seguir cruzadas de brazos mientras en la capital continua el festival de derroche de los dineros nacionales. No podemos continuar de brazos cruzados esperando que obras esenciales como la doble calzada a Buenaventura lleven más de una década sin terminarse, mientras que en la capital se anuncian obras gigantescas, como la construcción de un nuevo aeropuerto, la destrucción de reservas ecológicas, subsidios nacionales a 80.000 viviendas, un metro y cosas por el estilo.Los distintos bloques regionales deben hacer entender al gobierno central que los recursos públicos son escasos frente a las grandes necesidades. Urge que en el posconflicto se establezcan programas efectivos de inversión pública en las regiones más atrasadas lo que necesariamente implica ponerle freno al desbocado crecimiento de la capital. El enemigo de ahora en adelante es la desigualdad.

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