Blanco es...

Blanco es...

Junio 24, 2013 - 12:00 a.m. Por: José Félix Escobar

El Siglo XXI comenzó con dos hechos vitales: la incontenible propagación de Internet por el mundo y el ascenso de Hugo Chávez -un taimado dictador- en Venezuela. ¿Lo uno qué tiene que ver con lo otro? Corría el año 2000 y las salas de chat estaban a la orden del día. En la del periódico El País de Madrid intervenía regularmente una periodista venezolana, culta y bien informada. No le gustaba nada el giro que estaba dando el gobierno de Chávez en Venezuela y lo expresaba con amplitud. Un día nos sorprendió a todos los contertulios. La periodista acababa de tomar la decisión de emigrar de su país. Contó con tristeza que un individuo había llegado hasta la redacción del diario de Caracas para el cual ella trabajaba y exigió conocer previamente el contenido de su próxima nota. El acto de censura la intimidó y de inmediato renunció a su trabajo y decidió emigrar. Nunca más supimos de ella. Pero su sexto sentido fue profético: el intento de censurar a la prensa era el forzoso indicador de que Chávez caminaba imparable hacia la dictadura.No nos podemos equivocar: así como el viento fuerte anuncia la gran tormenta, la censura a los medios de comunicación es el heraldo reconocible de que hay una dictadura en ciernes. En este mundo de genes mutantes, el germen de la dictadura varía constantemente. De esas satrapías a la antigua realmente quedan pocas: Bielorrusia, donde a los condenados a muerte les notifican la ejecución con un minuto de anticipación; Corea del Norte, extraño rincón del mundo donde lo único moderno son los armamentos; ciertos emiratos del Golfo Pérsico donde el rostro de las mujeres y el de la verdad se ocultan con fiereza. Las dictaduras se transforman. Muchas tratan de disimular su naturaleza perversa celebrando elecciones de resultados obviamente teledirigidos. No faltan las que recitan una y otra vez sus propósitos de ayuda al pueblo, aunque los resultados suelen coincidir con beneficios para grupos especiales, en medio de un empobrecimiento general. Otras dictaduras se impregnan de la cultura del boato, como la de Kazajistán, donde el líder Nazarbáyev y sus hijas gastan dinero a rodos y son perseguidos por flamantes figuras del jet set.Pero aquí y allá, antes y ahora, en la base de todas las tiranías se encuentra el desprecio a la opinión divergente. La megalomanía y la libre expresión no calzan. No nos debemos engañar: todo ataque, toda restricción, todo oprobio cometido desde el poder contra los medios de comunicación anuncia una deriva dictatorial en el gobierno de turno. Nuestro vecindario lamentablemente abunda en ejemplos: Venezuela, Nicaragua, Ecuador, Argentina, Bolivia. Y por ello adquiere destacable valor la actitud del presidente Juan Manuel Santos, cuando hace unos días ordenó retirar un artículo del Código Penitenciario que se discute en el Congreso, porque se podría prestar para interferir la libertad de prensa.***Excelente noticia la de que Emcali se devuelve a la ciudad. Reiteramos: quien la recibe es la ciudad entera y no contratistas, ni sindicatos, ni políticos grupalmente considerados.

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