Barajar de nuevo

Diciembre 27, 2010 - 12:00 a.m. Por: José Félix Escobar

Lo que no se pudo hacer por la falta de previsión de nuestros gobernantes, parece que lo va a inducir el invierno. Ya se habla abiertamente en nuestro país de que hay que reasentar poblaciones, prohibir las absurdas ubicaciones de personas en sitios inapropiados, controlar de algún modo el crecimiento de las ciudades y meterle racionalidad al factor demográfico.Dos frases de honda raigambre han dejado de tener vigencia en el Siglo XXI. La bíblica “creced y multiplicaos” sólo guarda valor como descripción del tiempo en que el mundo era nuevo e incontaminado. Y el conocido lema del dirigente político argentino Juan Bautista Alberdi, “gobernar es poblar”, pudo ser razonable en el Siglo XIX pero hoy no.El problema no está en la naturaleza. Es el excesivo número de la especie más depredadora —el ser humano— lo que ha llevado al agotamiento de las fuentes hídricas, en unos casos, y a las temibles avalanchas, en otros. Hay científicos serios que sostienen que los recursos del planeta Tierra no soportan una población superior a los 3 mil millones. Vamos para 7 mil millones.Como tarea primordial, el número de habitantes del planeta tiene que ser controlado. Cualquiera que sea la perspectiva religiosa o moral desde la que se mire el problema, es asunto de supervivencia concluir en la necesidad de limitar los nacimientos. Todos los que nacen deben tener derecho a gozar de los avances del progreso, pero con los números actuales, los recursos simplemente no aguantan.Colombia, con esta ola invernal, ha desnudado viejos y graves defectos. El centralismo ha succionado a millones de compatriotas hacia la Capital, con los resultados que están a la vista: pavimentaron la sabana; desecaron humedales; cambiaron el curso de ríos y quebradas; contaminaron el aire; establecieron problemas de movilidad prácticamente insolubles. Los burócratas de la CAR se han limitado a devengar salarios y a ver —pasivamente— cómo se perdió lo que fue un hermoso altiplano. Nuestra CVC, antes orgullo de la región, se ha dedicado a conservar —como la pobre viejecita— los muchos millones que recibió por la venta de su componente eléctrico. ¿Quién ha dicho que las entidades públicas tienen que amarrar el dinero? Son los ciudadanos los que deben ahorrar. Los vallecaucanos que llevamos medio siglo contribuyendo a llenar las arcas de la Corporación queremos ver nuestros dineros convertidos en diques, jarillones, desecaciones, dragados del río Cauca y sus afluentes. Creemos que la mayoría de los contribuyentes no desea que esa gran masa de dinero esté colocada en bancos o en portafolios de inversión, mientras vuelve a inundarse la planicie, se pierden los cultivos, naufragan las zonas francas y desaparecen las fábricas. Hay que recordar a estos dirigentes que las responsabilidades de los funcionarios públicos no sólo se dan por acción sino también por negligencia.La otra solución es sencilla. Que se eliminen las sobretasas al impuesto predial, y que la Corporación (grotesca caricatura de lo que fue) se encargue con “su patrimonio” de tratar de arreglar el fenomenal lío.

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