Ancho y angosto

Ancho y angosto

Enero 23, 2012 - 12:00 a.m. Por: José Félix Escobar

La gran cuenca del río Cauca abarca la tercera parte del país andino, pues el río y sus afluentes transcurren por nueve departamentos. No hay otra manera de ver la cuenca, sino como un tema de orden nacional. Pues bien, hace varios años la ciudad de Cali resolvió acometer con sus recursos una gran obra destinada a tratar las aguas residuales antes de servirlas al Cauca. Aguas abajo de los linderos de nuestro municipio el río Cauca es una preocupación departamental, pero sobre todo nacional.Por esas tragedias que la mala administración de lo público causa en el país (por ejemplo, el caso Nule), Emcali no pudo en su momento atender las deudas contraídas para la construcción de la planta de tratamiento de aguas, y la Nación, como garante, atendió los compromisos. Si las cosas hubieran sido hechas al derecho, ha debido ser la Nación la que directamente ejecutara la obra, pues la descontaminación del río Cauca es una necesidad de gran parte del país. Pero no, los caleños resolvimos en ese entonces colgar de nuestra empresa de servicios públicos las cargas derivadas de la obra.Hoy un funcionario del orden nacional nos ha pasado la factura: un billón de pesos, a pagar en el angustioso término de cuatro o cinco años. La posición del actual Superintendente de Servicios Públicos es, cuando menos, descarada. ¿Cobrarle a Cali lo que debió construir la Nación? ¿Apremiar en el pago a la ciudad que ha recogido grandes migraciones de todo el país, disminuyendo sus posibilidades de un desarrollo ordenado por dar soluciones locales a múltiples problemas nacionales?Es inaceptable que en el cauce de nuestras relaciones con la Nación el lado ancho esté allá y el angosto acá. Apenas se produjeron las nuevas inundaciones de la sabana de Bogotá (problema no resuelto por pura negligencia), el Presidente de la República anunció un apoyo nacional de 500 millones de dólares para la solución del problema.Qué bueno sería que Santos nacionalizara de inmediato la deuda de Emcali. ¿Acaso su predecesor en el primer cargo de la Nación no nos puso a pagar a todos los colombianos el cúmulo de errores y tropelías cometidos en la construcción del metro de Medellín? Con la diferencia de que el transporte de Medellín era y es un problema local y la purificación de las aguas del río Cauca siempre ha sido un tema nacional.Más inaceptable aún es condicionar la restitución de Emcali a la ciudad, al pago de esa estrafalaria factura. Qué curioso: cuando el Superintendente asumió el cargo declaró públicamente que “es urgente que Emcali regrese a manos del Municipio”. ¿Qué lo hizo cambiar de opinión? La conjunción en que se presentan un Presidente serio, un Alcalde bien intencionado y un Gerente eficaz, es este. El momento para la devolución de Emcali, es este.Al actual Superintendente hay que recomendarle que, además de las lecturas sobre economía en las que es reconocidamente docto, eche una mirada a la Constitución: el director administrativo de la ciudad es el Alcalde, y a él, de manera exclusiva, le compete asegurar la prestación eficiente de los servicios públicos.

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